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EXCLUSIVA: RIDLEY SCOTT RUEDA EN SEVILLA
 


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Estos son días muy especiales para los que amamos el mundo del cine, y es que Ridley Scott está en Sevilla. El director de Alien y Gladiator ha elegido esta maravillosa ciudad como decorado de lujo para su última película The Kingdom of Heaven (El Reino del Cielo) el que será el film más caro de la historia, con Las Cruzadas como trasfondo en plena Edad Media. Podría haberse marchado a cualquier otro lugar del mundo pero Scott, que quedó prendado de sus encantos cuando rodó hace más de una década 1492 La Conquista del Paraíso, se queda en Sevilla para poner el punto y final a su recorrido por toda España, y que le llevará hasta tierras marroquíes. Y lo hace con dos monumentos imprescindibles de la capital andaluza: La Casa de Pilatos y Los Reales Alcázares, con un plan de rodaje de más de una semana.

Son las siete de la mañana. Uno se levanta con la ilusión de poder ver y tocar a alguno de sus ídolos cinematográficos. Me lavo la cara, me aseo, me visto casi a tientas porque las ojeras me llegan hasta el suelo, pero en ese mismo momento, cuando pienso qué demonios estoy haciendo, me invade un escalofrío de nerviosismo y emoción. Y es que no es para menos, porque Ridley Scott está en Sevilla. La calle está desierta, a unas horas en las que los pajarillos están empezando a despertar de su letargo nocturno, los periódicos aún no han sido repartidos y los panaderos preparan el pan que han amasado durante la noche, me siento como un alma en pena que vaga por la ciudad soñando despierto. Poco a poco me voy acercando a Los Reales Alcázares pero cual es mi sorpresa cuando me dirijo a la puerta principal y me la encuentro cerrada a cal y canto. Ni un furgón, ni un coche, ni un alma. ¿Me habré equivocado de puerta? ¿Ha sido una deleznable estratagema para distraer la atención? "Quizá han entrado por la puerta del patio" -me dije-. Falsa alarma. Tras diez minutos de angustia y justo cuando tomaba el camino de regreso, veo por el rabillo del ojo algunas camionetas sospechosas que se meten por un callejón imposible. ¡Ajá! Efectivamente, un hombre con una tarjeta en el pecho aguarda impaciente: era Pedro, el encargado de la seguridad. Nos saludamos y me preguntó con cara de susto "¿Eres de la prensa?"; y es que la cámara "cantaba" un poco, pero se quedó más tranquilo cuando le dije que era un simple particular. No había nadie más, salvo Linda y Claire, dos chicas francesas muy simpáticas, Alberto y Ana (los incansables) y Kris, Elena, Charo y Sara. El trajín de camiones era incesante hasta que por fin llegaron algunos extras vestidos con indumentarias de moros y cristianos que sólo hacían acelerar más el corazón. "No tiene mala pinta" -pensé-.

Eran las ocho y media de la mañana cuando vimos un imponente Lexus que se aproximaba peligrosamente. De repente se abren las puertas y… ¡Ridley Scott asoma la cabeza! ¡Dios santo Ridley Scott! Intento no quedarme petrificado y trato de sacar alguna instantánea, pero ya era demasiado tarde, los nervios me habían traicionado. Bueno, al menos saqué una foto. Poco a poco iba llegando más gente que se aglomeraba frente a la pequeña puerta hasta el punto de que tuvieron que instalar de forma improvisada un par de vallas para "contener" a las diez personas que estábamos allí, en fin cosas de la seguridad. De repente otro coche, esta vez un Mercedes negro con los cristales tintados. ¡Orlando Bloom! ¡Légolas! Salió y entró como alma que lleva el diablo, aunque tuvo la decencia de pararse al menos cinco segundos para saludar a los cuatro gatos que estábamos allí. Esta vez sí que estaba preparado, así que no desaproveché la ocasión y le saqué unas fotos bastante buenas.

A los cinco minutos un Skoda azul metalizado aparece en el horizonte. ¡Era Jeremy Irons! ¡Y estaba maquillado y vestido! El coche aparcó tan cerca de mí que no había más de veinte centímetros entre el actor inglés y mi objetivo. Bajó fumándose un cigarrillo, casi como si nada, lo más natural del mundo. Se dio la vuelta, nos miró, arrojó el cigarro con desdén y se metió para dentro. "¡Vaya, el mismísimo Jeremy Irons ha estado aquí!" -dijimos todos -. Por cierto que a la mañana siguiente me firmó… ¡estaba yo sólo!

Pasó el tiempo y nadie más apareció. "¿Dónde está Liam Neeson?" -preguntó una de las chicas que se había incorporado al "mirador"-. Al parecer había "muerto" en Palma del Río, y sus escenas estaban ya finiquitadas. Una verdadera lástima. Decidí marcharme a las once de la mañana porque Pedro me dijo que ya íbamos a ver bastante poco, al menos, hasta la hora de comer. Volví a las seis de la tarde y lo que por la mañana había sido una reunión entre unos cuantos amigos, se convirtió en una algarabía formada por decenas de niñas locas dispuestas a gritar aquello de ¡Orlando quiero un hijo tuyo! En fin, que le vamos a hacer. Cuando estaba a punto de marcharme me giré y vi algo que me hizo soltar una carcajada: alguien había puesto delante de una fotografía de Légolas, una lata de Orlando y un bote de Bloom Max para mosquitos. Todos los del equipo de producción salieron para ver aquella "obra de arte" a la que sólo le faltaban las velitas. Incluso el manager de Orlando se lo llevó a su caravana para que pudiera ver como se las gastaban los sevillanos, y quizá tenga un sitio en los extras del futuro DVD.

Al día siguiente regresé para intentar conseguir alguna buena foto de Scott o algún autógrafo quizá. El coche de Orlando se aproximaba nuevamente, pero cual fue mi sorpresa cuando viene hacia nosotros para firmar autógrafos. ¡Y nos firmó a todos! Este chaval es más simpático de lo que creía. Aunque no quería fotos porque le "quemaban" el maquillaje, le saqué algunas impresionantes, pero entre tanto alboroto salieron un poco movidas. Como siempre poco después volvió Jeremy Irons con su inseparable cigarrillo, esta vez con traje de calle.

En fin, que cuando pensaba que ya no podía dar de más de sí la mañana aparece el genial Eduard Norton casi por arte de magia, por lo que apenas tuve tiempo de reaccionar. Aunque no se vea en la imagen, llevaba un maquillaje repugnante en el ojo, y es que su personaje enferma de lepra; menuda mala suerte. También muy escurridiza entró la única actriz de la película, Eva Green, vestida para la ocasión, y que por poco se me escapa.

Casi era mediodía y tenían que parar para comer, así que esperé pacientemente a que Ridley Scott saliera por la puerta. A las tres menos cuarto entraba rápidamente en su Lexus, pero esta vez no me cogió desprevenido y le hice unas fotos geniales, aunque de autógrafos nada de nada, porque el señor Scott a parte de buen director es un pelín antipático, incluso cuando va en compañía de su inseparable y despampanante señora. ¡Vaya día! Ha sido espectacular.

El último día esperaba conseguir el autógrafo de Ridley Scott pero sabía que era una tarea difícil. Como siempre a las ocho de la mañana estábamos todos, casi perennes, algunas veces antes que el personal de seguridad. Decidimos que por ser el último deberíamos entrar en el Alcazar para visitar el set de rodaje, así que nos tiramos toda la mañana en el patio principal esperando a que el personal se marchase a comer. Al menos pudimos ver a otro actor que se nos había escapado esos días, Marcos Csokas, que recordaréis como el malvado ruso de XxX o Timeline y que se mostró bastante simpático. Cuando nos dejaron entrar eran ya las tres de la tarde, pero la espera había dado sus frutos. Parecía que estábamos en plena Edad Media, ya que tenían engalanado todo con unas banderolas preciosas. También habían colocado un trono y algunos estandartes, e incluso parte del suelo estaba manchado de "sangre".

Al final conseguí fotografiar al reparto en pleno (menos a Liam Neeson claro), y los autógrafos de casi todos excepto el del señor Scott. En cualquier caso ha sido una experiencia inolvidable por la que a merecido la pena levantarse a horas intempestivas, pasar un hambre atroz y sentirme como un paparazzi. Durante unos días hemos sido una pequeña familia que se lo ha pasado en grande. Desde aquí saludo a todos los amigos y amigas que han compartido esta experiencia conmigo, incluida mi novia Gemma, mi compañero de página Ricardo y sobre todo a Pedro, el jefe de seguridad más simpático de todo el rodaje, y es que ha sido una experiencia única porque señores, Ridley Scott ha estado en Sevilla.

 


23-II-04
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jhvneo.