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Quizá el detalle de que la directora fuese su esposa deja entrever porque esta bso está hecha con tal sensibilidad, cuidándose en dejar cerca en todo momento una música bella, tierna, y contagiosa de espiritualidad. La música de Elfman se convierte en la auténtica escalera mecánica que nos lleva las maletas que contienen sentimientos directamente de la película a nuestro corazón. Desde Eduardo Manostijeras Elfman no componía algo tan exclusivamente bello, que atrapa mentes y convence a corazones. Ya desde un principio, nada más oímos sonar los Main Titles, un aura de belleza nos invade, la emoción fluye por todo el aire, y la vida parece pararse de pronto. Es el efecto del tema principal de Black Beauty, uno de los más bonitos de la historia de las bandas sonoras. Precisamente este tema es el portador absoluto de toda la responsabilidad del disco, ya que lo veremos en multitud de pistas, modificado parcialmente para la ocasión. El tema en si es un clásico tema Elfman, con su cuerda (violines) trabajando el sentimiento, el piano conteniendo la emoción, y las campanillas convirtiendo en retoño al más veterano. La tranquilidad y la recreación de paisajes bucólicos es norma de la casa en esta banda sonora. La regularidad, por tanto, es una de las virtudes de este CD, ya que mantiene una línea coherente y constante, tanto en la temática de las pistas, como e su riqueza individual y como parte de un todo colectivo. Al margen del tema principal y sus variaciones, más intensas o menos, sólo hay una pista que parece truncar esos escenarios amables y melancólicos, en los que nos fundimos con Furia (el nombre del caballo) en un solo ser, empatizamos con él, y nos convertimos en partícipes de sus vivencias (4:12 del tema 2, Baby Beauty), y este tema es el número 13, Wild Ride / Dream, un ajetreado tema que aporta algo de variedad (aunque no mucha). Pero precisamente esa poca variedad se traduce en un disco amable y bello como pocos, recomendable para todos los románticos empedernidos o del Elfman de su época dorada, que podrán disfrutar del encanto de toda una orquesta al servicio de la ternura y el sentimiento. Sus grandes rasgos made in Elfman hacen reconocible Black Beauty de inmediato, y ensalza las cualidades de Elfman para poder componer algo más que música de super-heroes, y nos recuerda que la música es algo más que "lo que suena durante una película". Así lo demuestran por ejemplo, los violines en la pista Ginger Snaps. El que desee disfrutar al 100% de este CD, que se siente un día tranquilamente, un día relajado, y que escuche todas y cada una de las pistas de este compacto, para así, poder disfrutar en cada una de ellas de una variante más o menos intensa de ese fantástico tema principal que redunda por todo el compacto. Pero no sólo eso, aparte encontrará pequeños regalos para el oído como los momentos en que la cuerda o el viento nos transportan a otro lugar. En este caso, intimismo no significa aburrimiento o falta de fuerza en la orquesta, significa temas bonitos y una dinámica relajada pero sin pausa, eficaz y variada, para disponer sólo de un solo tema central. Sinceramente, aunque Black Beauty sea uno de los trabajos más desconocidos de Elfman por el gran público, es, junto con Batman, quizás de lo mejor del compositor en su época más clásica, sin tantos experimentos con la percusión como acostumbra a hacer ahora. Lo
mejor: Es una bso sublime, bella, enriquecedora, y,
dentro de su monotemismo, variada. Carlos Mariscal (43)
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