BSO: Reseña
CHARADE
(Henry Mancini)

             
 
 


Después de los tremendos éxitos tanto comerciales como artísticos de Breakfast at Tiffany´s (Desayuno con diamantes), Days of Wine and Roses (Días de vino y rosas) y Experiment in Terror (Chantaje contra una mujer), Henry Mancini demostró ser poseedor de un apabullante registro musical que le permitía alternar partituras sofisticadas con otras melodramáticas para luego pasarse al género de suspense más genuino sin despeinarse. Es por ello que en 1963 Mancini era un compositor admirado y reconocido, capaz de arreglarle la papeleta a cualquier director gracias a su variado aunque siempre personal estilo. Stanley Donen, uno de los más esplendorosos directores que dio el Hollywood de los 50 y 60, era consciente de la riqueza musical del autor italoamericano y no dudó ni un segundo en asignarle la partitura de Charade (Charada), un filme que suponía todo un reto para el director de Cantando bajo la lluvia, pues en esta ocasión los musicales daban paso a una película híbrida donde el suspense, la comedia y el romanticismo se estrechaban la mano en igualdad de condiciones. Esta especie de embrollo de géneros asustaba sobremanera a Donen, quien después de quedar satisfecho con el magnífico guión de Peter Stone y tener en la plantilla a dos astros tan carismáticos como Cary Grant y Audrey Hepburn, pensó que sólo Mancini podía musicar una película en apariencia sencilla, pero tremendamente compleja.

Charade es la consagración definitiva de Henry Mancini como compositor. La partitura bebe de la atmósfera del recién nacido James Bond, y no es casual que la obertura del filme fuera encargada a Maurice Binder (quien se encargaría de los títulos de crédito de algunas de las mejores películas de 007) y que musicalmente recuerde al famoso tema de Monty Norman. Sin embargo, la gran influencia (y preocupación) de Mancini residía en las composiciones que el inigualable Bernard Herrmann había escrito para Alfred Hitchcock a partir de mediados de los 50. Era evidente que el argumento de Charade, con numerosos giros argumentales y una buena dosis de suspense, recordaba poderosamente a las películas de Hitchcock en general y a North by Northwest (Con la muerte en los talones) en particular, donde Herrmann creó una de sus bandas sonoras más pletóricas. Ante semejantes precedentes, Henry Mancini fue consciente de que jamás podría ganar con las mismas cartas que Herrmann e ideó una partitura para Charade que volvía a jugar con los contrastes, como ya hizo de manera magistral en Breakfast at Tiffany´s: allí donde otros utilizarían música de suspense, él aporta jazz y "bossa nova"; donde muchos compositores abusarían de un sinfonismo recargado, Mancini consigue con un nimio xilófono mucho más y mejor. Charade supuso rizar el rizo, pues el músico llevó al paroxismo su propio estilo sin perder en ningún momento la sutileza y, además, combinando vitalidad, suspense y romance sin temblarle el pulso.

Como el filme tenía más de comedia que de suspense, Mancini optó por reducir lo máximo posible los pasajes oscuros y dedicó especial interés a los temas románticos y dinámicos, pues éstos definían perfectamente tanto la esencia del largometraje como la relación entre la pareja protagonista, que no para de jugar al gato y al ratón. Curiosamente es el tema Charade, el leit-motiv de la banda sonora, la única pieza que introduce inequívocos tonos de suspense y misterio, aunque a partir de instrumentos tan poco convencionales para el género como son una guitarra eléctrica, timbales o repiqueteos continuos con instrumentos de madera que simulan los pasos a toda velocidad de unos zapatos de tacón en plena persecución (elemento aprovechado por Donen en la secuencia final del filme, cuando el personaje de Audrey Hepburn huye de su supuesto agresor). Este insuperable tema, no obstante, no se conforma con ejemplificar la temática misteriosa del largometraje, sino que introduce en mitad de la pieza un pasaje romántico entonado por violines. De esta manera, el autor dejaba constancia de que el romanticismo era tan importante como el suspense y que, por lo tanto, esto no era una película de Hitchcock. A lo largo del score, el leit-motiv tendrá un par de variaciones (como ya venía siendo habitual en Mancini). Por un lado hay una versión cantada (con letras de Johnny Mercer, habitual colaborador de Mancini) por un coro mixto que recita los juegos y las mentiras que conlleva el amor y que refleja los pensamientos de la pareja protagonista mientras cena en un barco que la conduce por las románticas aguas del río Sena; en cambio, la segunda versión es mucho más juguetona y desenfadada, y hace especial hincapié en el rocambolesco laberinto de falsedades que urden todos los personajes para conseguir un mismo objetivo a partir del uso que Mancini hace de un xilófono que imita la musiquilla propia de los carruseles y que en la película se utilizó de forma diegética.

Siguiendo la estela que él mismo se impuso, el compositor de The Pink Panther crea alrededor del leit-motiv toda una serie de temas marchosos y románticos que dotan de inusitada elegancia y sofisticación a la película. El apartado romántico lo evocan piezas como Bateau Mouche, donde Mancini utiliza un acordeón para impregnar de estilo francés al tema (la película transcurre en París) mientras unos violines se encargan de la suavidad y de la belleza; Mégève, uno de los mejores temas de la banda sonora, basado en un estilo jazzístico, con enorme importancia de las trompetas y el contrabajo; o Latin Snowfall, corte que evoca el primer encuentro entre los dos protagonistas y que destaca por su sutileza y por el uso de los timbales y los violines como instrumentos de fondo. Este último tema es uno de los hallazgos más ingeniosos de Mancini: mientras que en pantalla vemos a un hombre y una mujer discutiendo con afilados e incisivos diálogos, el compositor crea una pieza melódica llena de ternura que nos hace caer en la cuenta de que ese accidentado encuentro es el comienzo de una relación amorosa.

Los temas más bailables, vigorosos y jazzísticos del score (que, como en anteriores obras del músico, suelen aparecer en el filme de manera diegética ya sea en fiestas o celebraciones) se dividen en dos vertientes muy claramente diferenciadas: por un lado, los temas más espectaculares y dinámicos, entre los que se encuentran Bistro, con un solo de trompeta sencillamente magistral; Orange Tamouré, pieza en la que los golpes de trompeta son muy acusados para evocar el nerviosismo de la protagonista cuando es casi agredida por uno de los individuos que mataron a su marido; o Mambo Parisienne, cuyo uso del saxófon, que impregna de erotismo y de humor socarrón a la pieza, es la antesala del solo que Mancini utilizará en el inolvidable tema central de The Pink Panther.

La otra vertiente que utiliza Mancini es mucho más pausada y suele evocar momentos alocados, pero de intimidad entre los personajes del filme. Ese es el caso de The Happy Carousel, que imita las canciones propias de los tiovivos a partir de un uso extraordinario del xilófono; y de The Drip-Dry Waltz, tema que acompaña el momento surrealista de la película, en el que el personaje interpretado por Cary Grant se ducha vestido ante la atenta mirada de Audrey Hepburn. Aquí Mancini vuelve a jugar con los contrastes utilizando una música que aunque no llega a ser melódica es de tono pausado y se aprovecha de los medios tiempos, llegando a simular un vals.

Mención aparte merecen los temas Bye Bye Charlie, una música fúnebre que está exagerada a conciencia para ilustrar que la muerte de Charlie, el difunto marido de la protagonista, no le apena absolutamente a nadie; y Punch and Judy, fanfarria que evoca un momento del filme muy sencillo: la pareja protagonista asiste a una función de guiñoles en la que unos muñecos que simulan ser un matrimonio se pegan y se mienten. Esta escena, que ilustra lo que siente la protagonista, la utilizó Mancini para crear algo exagerado que evocara la idea de juego y de charada de la película, para dar constancia de que estábamos ante una película juguetona y descarada.

La partitura de Charade supuso para Mancini superar lo insuperable y dejar constancia de su versatilidad para abordar cualquier género incluso dentro de la misma banda sonora. Asimismo, la elegancia y la sofisticación (a la que no era ajena la influencia de Audrey Hepburn, musa cinematográfica del músico) del score se han transformado en quintaesencia del sonido mágico de la primera mitad de los 60. Lástima que en esta edición no se incluyera el único tema verdaderamente tétrico que compuso Mancini, basado en estridentes sonidos de trompetas y trombones, que aparece de manera regular durante todo el filme. A pesar de ello, estamos ante una de las mejores composiciones de este genio de la música. De hecho, se puso el listón tan alto, que sólo en muy contadas ocasiones consiguió llegar a la altura de esta obra maestra que es Charade.

Lo mejor: La facilidad con la que Mancini cambia de registro sin perder jamás ni el pulso ni su personal estilo.
Lo peor: La ausencia de un tema tétrico que sí existe en la película.
El track: Cualquiera de las variaciones de Charade, pues cada una de ellas recoge la versatilidad del compositor.

Miguel García.

TRACK LIST:

1. Charade (main title) (2:07)
2. Bistro
(1:48)
3. Bateau Mouche
(2:52)
4. Mégève
(2:58)
5. Bye Bye Charlie
(3:05)
6. The Happy Carousel
(1:28)
7. Charade (vocal)
(2:34)
8. Orange Tamouré
(1:52)
9. Latin Snowfall
(2:31)
10. The Drip-Dry Waltz
(1:49)
11. Mambo Parisienne
(2:30)
12. Punch and Judy
(1:49)
13. Charade (carousel)
(1:37)

TOTAL -> 30:11

 


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