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Comentaba en la reseña de la banda sonora de P.S. I Love You que un cincuenta por ciento de lo que este año habíamos podido escucharle a John Powell era de una irregularidad impropia de él (Jumper, Stop-Loss) mientras que el otro cincuenta (Horton y Kung Fu Panda) se enmarcaba mucho mejor en las sonoridades a las que el compositor británico nos tiene acostumbrados. Si hacen unas matemáticas simples, caerán en la cuenta de que Hancock, la quinta partitura que Powell compone este año, queda fuera de esos porcentajes. Sin decantarse claramente por alguno de los grupos anteriores, sí podríamos afirmar que Hancock juega más cerca de la liga representada por Horton que por aquella en la que se enmarca Jumper. Sí, tiene momentos que no quedaran para el recuerdo, pero son minoría en un conjunto con el que Powell vuelve a demostrar que es uno de los mejores compositores de la actualidad. La partitura escrita por el compositor carga las tintas como es lógico en dotar de una firme personalidad musical al personaje de Will Smith. Para ello, Powell opta por un doble discurso musical: por una parte tenemos el tema de corte superhéroico y gran fuerza orquestal cuya ejecución recae casi siempre en un uso de los metales muy parecido al que ya usara en Mr. and Mrs. Smith. Este motivo, que podemos oír en el primer corte, SUV Chase y que Powell repite a placer a lo largo de audición y metraje en las escenas de acción (To War, Hollywood Bvld), queda relegado a un segundo plano a la hora de valorarlo con respecto al que realmente sirve al compositor para definir al inusual héroe. Cortes como Mary Bring Meatballs, Getting Therapy o Mortal, ponen de relieve el interés de Powell por dotar de solidez a la personalidad del superhéroe: un delicado motivo, orquestado con cuerdas y piano, guitarras o echando mano del típico órgano de gospel, es el que mejor describe tanto a Hancock como a la truncada relación que el personaje tiene a la hora de acercar SU humanidad a LA humanidad. En uno y otro aspecto de la partitura, Powell da lo mejor de si mismo para componer un score vibrante con estupendos cortes de acción y una melodía central llena de matices que, al igual que ocurre con la cinta, sabe a poco y deja una extraña sensación en el oyente: está muy bien, pero podría estar mucho mejor. Aunque ahora que lo pienso, ya quisieran muchas de las deleznables partituras que hemos podido escuchar este año que hubiéramos dicho lo mismo de ella, ¿no creen?. Lo
mejor: La ambivalencia de Powell para dotar de personalidad a los dos aspectos de la partitura. Sergio Benítez (80)
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