BSO: Reseña
IL BUONO, IL BRUTTO, IL CATTIVO
(Ennio Morricone)

             
 
 


Con apenas cuatro películas a sus espaldas, Sergio Leone se podía vanagloriar de ser uno de los directores europeos más influyentes y comerciales de los 60, amén de ser el "padre" (aunque esto de las autorías es siempre un tema espinoso) del "spaghetti-western". En 1966, Leone dio por zanjada su famosa Trilogía del Dólar con El bueno, el feo y el malo (Il Buono, il Brutto, il Cattivo) y creó un punto de inflexión hacia lo que sería su obra futura, mucho más anclada en la tragedia y en la historia de los Estados Unidos. Leone cada vez era más sofisticado y mucho más complejo temáticamente. Si Por un puñado de dólares (A Fistful of Dollars, 1964) y, en menor medida, La muerte tenía un precio (For a Few Dollars More, 1965) eran películas socarronas y deliberadamente rudas en su concepción, El bueno, el feo y el malo era poseedora de características similares, pero también de toda una nueva temática inconcebible para Leone hasta ese momento: las reminiscencias bíblicas, la cínica visión de la guerra y un depurado estilo visual presentaban al director que más tarde haría obras como Hasta que llegó su hora (Once Upon a Time in the West, 1968) o Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984). Pero si realmente uno quiere observar la revolucionaria transformación artística de Leone, no debe tanto ver las imágenes de sus películas como prestar mucha atención a la música que las acompañaba y, por lo tanto, a Ennio Morricone, "alter ego" del director italiano y quien mejor supo recoger la esencia de los "spaghetti-western", películas del Oeste consideradas de serie B, sino directamente bastardas, y en cuyo cutre maquillaje se escondían las más profundas tragedias humanas.

Si Leone evolucionó a pasos agigantados, no menos lo hizo Ennio Morricone, quien pasó de ser un músico considerado meramente innovador en A Fistful of Dollars a todo un artista musical gracias a la obra que nos ocupa, cuya importancia en la historia del cine es demasiado vasta como para poder explicarla en profundidad en tan poco espacio. Para Il Buono, il Brutto, il Cattivo, Morricone quiso ser más rupturista y revolucionario que nunca, pero esta vez tenía muy claro que las innovaciones deberían formar parte de un todo titánico no en cuanto a cantidad (la banda sonora no pasa de la hora), sino en lo referente a calidad. Nunca antes el compositor italiano había conseguido pasar de uno de sus famosos temas de duelo entre pistoleros a una melodía cálida y trágica a la vez con transiciones tan suaves. Uno de los mayores aciertos de este "score" reside en que ningún tema sobra ni tampoco falta, es una obra redonda y ejemplar en su concepción, una maravilla de la ingeniería musical. Tiene la capacidad de hacer feo lo bello y bello lo repugnante. Pocas composiciones provocan el mismo efecto.

Como El bueno, el feo y el malo era una película que narraba en el fondo el periplo de tres hombres de dudosa honradez por tierras americanas en plena guerra de Secesión, un viaje que tenía como objetivo encontrar un tesoro escondido en el cementerio de un pueblo recóndito, Morricone decidió potenciar los coros y los temas épicos, en concordancia con lo que la película narraba. Sin embargo, si Il Buono, il Brutto, il Cattivo ha quedado para la posterioridad es porque precisamente imagen y música son opuestas, aunque complementarias. Leone no muestra jamás un solo momento heroico en la película, los protagonistas son demasiado cínicos y desagradables como para creer en las buenas intenciones y, encima, el polvo y la suciedad, con tipos harapientos caminando a un lado y a otro de la pantalla, no es que estéticamente den lugar a escenas bucólicas. La oculta belleza de este filme reside en su banda sonora, que se encarga de ejemplificar lo que las imágenes sólo insinúan. Los momentos duros son amortiguados por temas nostálgicos que dejan entrever la humanidad de unos personajes que a primera vista parecen despojados de ella.

Temáticamente, la banda sonora se divide en cuatro bloques. Por un lado tenemos el archiconocido tema central, que funciona como "leit-motiv" de la película y como pieza que recoge la esencia de la banda sonora; en segundo lugar tendríamos aquellos cortes que están relacionados con los protagonistas del filme en el largometraje; tercero, las piezas que pretenden ilustrar los momentos militares; y, por último, las melodías épicas, casi iluminadoras, como L´Estasi dell´Oro, tema en el que confluyen toda la esperanza y todos los anhelos de los protagonistas ante la posibilidad de encontrar el tesoro (la Tierra Prometida, si leemos bíblicamente el filme). A continuación, vamos a comentar cada apartado, aunque ya advertimos que es una división algo caprichosa, pues, afortunadamente, jamás se tiene la sensación al escuchar este compacto de que Morricone pretende evocar aquí una cosa y aquí otra. Como ya se ha comentado anteriormente, este "score" es consecuente de principio a fin, es una epopeya en plenitud de facultades: notas de un tema saltan a otro con una naturalidad pasmosa. Una división tan académica sólo nos sirve para facilitar la crítica de una composición inabarcable.

Il Buono, il Brutto, il Cattivo es el mítico tema principal del CD y "leit-motiv" de la extraña relación que se establece entre los tres protagonistas. Como ya hizo con la pieza La Resa dei Conti en For a Few Dollars More, Morricone crea un motivo que ilustra más una actitud frente al enemigo/compinche que la esencia de un personaje. Aunque es cierto que en el filme la melodía hace acto de presencia sobre todo cuando Rubio (Clint Eastwood) aparece en pantalla, no debemos olvidar que también suena en diversos momentos para presentar a los otros dos protagonistas de la película, Sentencia (Lee Van Cleef) y Tuco (Eli Wallach), aunque bien es cierto que con tonos diferentes.

El tema en sí sigue las características melódicas que el compositor romano creó para los temas centrales de las dos primeras entregas de la Trilogía del Dólar, pero, en esta ocasión, el cariz es más épico y, curiosamente, onomatopéyico. Es decir, aunque tampoco era una novedad en Morricone, para Il Buono, il Brutto, il Cattivo los sonidos que intentan simular el graznar de los pájaros, el ulular de los búhos, el trotar de los caballos y demás ruidos de animales se hacen patentes de una manera casi obsesiva. Si a eso le unimos los jadeos de un potente coro masculino (aquí se vuelve a incidir en el primitivismo tan caro al músico italiano) y los ya acostumbrados silbidos, no es de extrañar que, para muchos, este trabajo sea la obra más innovadora de Morricone. La pieza se inicia con una flauta y un distorsionador de voz (el famoso "wa-wa" que tanto solían utilizar los virtuosos guitarristas de los 60 y 70) a partir de un "tempo" tranquilo para, poco a poco, la música ir exaltándose con la aparición de los ya comentados sonidos que intentan imitar a los animales propios del Oeste, una potente guitarra eléctrica, una majestuosa trompeta y los jadeos de un coro que en el momento cumbre de la pieza se transformará en un sentido canto épico precursor del interés trascendental de la historia del filme. Al final del corte, se vuelve al estilo pausado del principio. Con esta amalgama de sonidos, Morricone consiguió presentar en menos de tres minutos toda la esencia de la película: humor, tragedia, acción, heroicidad, villanía, etc. Imprescindible e inabarcable, este tema contiene una serie de variaciones a lo largo del "score" en Fuga a Cavallo, para reflejar la tirante relación entre Rubio y Tuco; en In Seguimento, con la misma intención, pero esta vez con un tono más solemne; y en Sentenza, para mostrar el carácter calculador y maléfico de Sentencia a partir de unos inquietantes violines que acompañan al famoso tema central. Independientemente de las variaciones, el "leit-motiv" de la banda sonora se deja escuchar en más ocasiones en el compacto, pero esta vez acompañando a otros temas con intenciones muy diversas, como veremos más adelante.

El segundo bloque, aquél que incluye los temas "secundarios" que acompañan a los protagonistas y sus amistades/enemistades, es el más desafortunado de todos (entendiendo su poca fortuna en una de las mayores maravillas musicales de la historia del cine). Aquí se dan la mano toda una serie de temas básicamente funcionales que no suelen destacar demasiado en comparación con otros cortes del compacto. Destaca la guitarra clásica como instrumento normalmente principal que une a todas estas composiciones: Il Tramonto, un tema que comienza de forma plácida gracias a un suave uso de la guitarra clásica hasta que aparece en pantalla Sentencia, momento en el que la melodía sosegada se transforma en inquietante; Il Ponte di Corde, pieza de suspense que acaba transformándose en una melodía cómica gracias al "leit-motiv" de la banda sonora, a una juguetona flauta y a unos escurridizos silbidos casi de "cartoon"; Il Bandito Monco, donde unos violines y unos violonchelos muy influidos por Bernard Herrmann y acompañados por puntuales sonidos de maracas, de una flauta y de unos trombones dotan de auténtico desasosiego a la pieza; o Due Contro Cinque, tema de expectación bastante similar al Il Colpo de For a Few Dollars More, aunque acabe resultando más épico al incorporarse en momentos puntuales el omnipresente tema central.

No obstante, dentro de este segundo bloque existen dos temas que trascienden los meros límites de la funcionalidad gracias a un depuradísimo estilo y a una carga emotiva fuera de toda duda. Nos referimos a dos temas tan dispares como son Il Deserto y Padre Ramirez. El primero es una demostración de la capacidad de Morricone para cambiar de registro sin despeinarse y conseguir un angustioso y telúrico "track" que se sustenta en una incansable repetición de notas cuyo ritmo se va acelerando paulatinamente mientras toda una serie de instrumentos se van incorporando a unos violines y a un minimalista piano. Una guitarra y diversos instrumentos de viento (trombones y clarinetes sobre todo) ayudan a crear la sensación de vivir en una pesadilla, que es lo que le ocurre al personaje de Rubio cuando, sin agua, se ve obligado por Tuco a atravesar a pie un infernal desierto. La creciente deshidratación del personaje se nos hace real no sólo por el acertado maquillaje (que muestra los síntomas visibles por la falta de líquido), sino también por este tema, que se asocia con el cerebro cada vez más confuso de Rubio. Por su parte, Padre Ramirez es uno de los cortes más sencillos y bellos de toda la banda sonora (lo que ya es decir); es un tema que sirve para humanizar a Tuco gracias a la aparición de un hermano perdido que le hace recordar (no sin rabia) los tiempos pasados. Se basa en una preciosa guitarra española, secundada por unos casi imperceptibles instrumentos de cuerda, y en un "tempo" muy pausado que se rompe al final de la melodía debido a la aparición del "leit-motiv". Una efectiva forma de dejar bien claro que aunque Tuco añore tiempos remotos, el pasado, pasado está.

El tercer bloque de Il Buono, il Brutto, il Cattivo está formado por los temas que ilustran el mundo militar, aspecto esencial en la película, pues, como ya hemos mencionado antes, la guerra de Secesión es el telón de fondo de la búsqueda del tesoro que narra el filme. Morricone dota a estas melodías de un regusto trágico y nostálgico. No se dignifica en absoluto el mundo de los militares. Más bien todo lo contrario: la gloria que otros compositores clásicos pretendían plasmar en las marchas militares es substituida por un estilo pesimista y melancólico que destruye cualquier idealismo bélico. Precisamente, en este apartado se encuentran algunas de las piezas más emotivas de todo el "score", cuyo punto de unión es una, por lo general, sorprendente sencillez a la hora de abordarlas.

De hecho, se podría crear una subdivisión dentro de este tercer bloque: por un lado, los temas que ilustran el mundo propiamente militar. Para la ocasión, se utiliza una música mucho más enfática y gloriosa (aunque jamás llega a ser ni épica ni grandilocuente). Il Forte sería el tema más pletórico de todos, ya que aún no se han visto en el filme las atrocidades de la guerra. Una trompeta solemne, secundada por unos trombones, ilustra el mundo militar, pero a medida que transcurre la pieza, los instrumentos de viento suenan más apagados, con la intención de ejemplificar la falsa gloria que se esconde detrás de los acontecimientos bélicos. Pero, sin duda, el tema más importante de este apartado lo podemos escuchar en Marcetta, una bellísima, pegadiza y un tanto nostálgica pieza musical que sustenta su poder en una preciosa armónica y en unos silbidos que evocan el caminar de las tropas cuando se dirigen al campo de batalla. Sin embargo, pronto el estilo marcial desaparece y da lugar a un afligido tono que servirá de nexo de unión entre la marcha militar y las melodías que ilustran el pesar de los soldados, para, en el último tramo, hacer acto de presencia unos trombones que muestran un cierto halo de horror ante el funesto destino que les espera a las tropas. Marcetta funciona casi como un "leit-motiv" marcial, pues existen en el CD varias variaciones del mismo en Il Treno Militare, donde una afligida armónica contrasta con el repiquetear de una caja de ritmos: los mundos interior y exterior de los combatientes entran en conflicto ante el desencanto al descubrir que las guerras no dan gloria y sí muertos; o en Marcetta Cenza Speranza, fúnebre canto de la Marcetta original donde el lamento de un coro masculino se convierte en el gran protagonista mientras que los golpes de un tambor y las lúgubres notas de un piano evocan el caminar de los soldados hacia una muerte segura. La tragedia se cierne sobre ellos.

El segundo grupo que podríamos hacer dentro de este tercer bloque es aquél en el que el componente marcial cede ante el sufrimiento individual de los soldados. En esta ocasión, temas llenos de una melancolía y de una tristeza desgarradoras hacen acto de presencia, creando un muestrario del sufrimiento humano fomentado a partir de un tema recurrente que hace su aparición por primera vez en La Missione San Antonio. San Antonio es una especie de convento donde acaban recluidos todos aquellos militares maltrechos a causa de la guerra y donde llega un deshidratado Rubio de manos de Tuco. Es un edificio situado en medio del desierto, una especie de oasis para los afligidos y donde los combatientes pueden dar rienda suelta a su rabia y a su pesar. En este "track", una cálida trompeta y el canto de un coro mixto ayudan a arropar y a aliviar el sufrimiento humano, mientras que las leves notas del "leit-motiv" de la banda sonora al final del corte dejan constancia de que por muy grave que esté Rubio, no piensa caer en combate. Este tema también tiene sus propias variaciones en una sorprendente y extraordinaria canción interpretada por los reos que están recluidos en un campo de concentración capitaneado por Sentencia. La Storia di un Soldato, título de la canción, es un sentido canto a las penurias y desgracias de un pobre soldado. Metáfora del sinsentido de la guerra, el coro masculino que la protagoniza se ve arropado por una encantadora armónica, por un violín y por las leves notas de un xilófono. Extraña nana que sirve para aliviar el dolor humano, este corte es utilizado de forma magistral en el filme: Sentencia golpea sin piedad a Tuco, pero para que los prisioneros no se percaten de semejante barbarie, los vigilantes obligan a cantar a un grupo de reclusos. Cuanto más fuertes son las palizas de Sentencia, más alto se debe cantar. Increíble.

Morte di un Soldato, última variación de este bello tema, se inicia con la Marcetta (aunque con un tono más afligido), para luego un melancólico coro masculino evocar el último aliento de un joven soldado, que muere bajo la atenta mirada de Rubio.

Y por fin llegamos al cuarto y último bloque, donde residen los temas más pletóricos, extraordinarios y emotivos de toda la banda sonora. Existe en estas piezas un extraño cariz bíblico muy elocuente y nada postizo, enésima demostración de la versatilidad de Morricone para abordar cualquier tipo de partitura. La Carrozza dei Fantasmi sería el corte que inicia este bloque. Es una melodía que se beneficia de la inigualable voz de la soprano Edda Dell´Orso (en una de las primeras colaboraciones entre compositor y cantante), quien consigue evocar gracias a sus cuerdas vocales la divinidad y la aparición de la salvación cuando una fantasmal diligencia aparece ante los atónitos ojos de un moribundo Rubio y de un estupefacto Tuco en pleno desierto. La diligencia es primordial porque gracias a ella los protagonistas del filme sabrán que existe un tesoro enterrado en un pueblo perdido. Bellísimo en su concepción, La Carrozza dei Fantasmi es un puente que une el mundo de la guerra de Secesión con la idea de Tierra Prometida para los desheredados, caso de los protagonistas del largometraje. Mientras que unas trompetas evocan lo primero, Dell´Orso hace lo propio con lo segundo. El mismo planteamiento sirve para Fine de una Spia, aunque en esta ocasión el tema se inicia con el "leit-motiv" de Il Buono, il Brutto, il Cattivo para, acto seguido, hacer acto de presencia unas épicas trompetas que interpretan notas de La Carrozza dei Fantasmi y de Il Forte.

Dentro de este último bloque se encuentra el que es, probablemente, el más afortunado tema de la presente banda sonora, y una de las mejores melodías de la historia del cine: L´Estasi dell´Oro. L´Estasi dell´Oro aparece en el filme cuando Tuco llega al cementerio donde supuestamente está escondido su tan ansiado tesoro. Hace acto de presencia con más fuerza que nunca la idea de "llegada a la Tierra Prometida", aunque, contra todo pronóstico, las imágenes que nos muestra Sergio Leone no sean en absoluto preciosistas. El éxtasis de Tuco lo incorpora la insuperable composición musical y no los fotogramas, que muestran una amalgama de atropellados planos de tumbas a partir de un "travelling" circular de 360º. El tema se inicia con las inquietantes notas de un piano, acompañado por un clarinete. Pronto el ritmo pausado de la melodía comienza a acelerar con la presencia de la voz de Edda Dell´Orso y con unos pletóricos violines. El clímax llega con la incorporación de un esplendoroso coro masculino que le da la réplica a Dell´Orso. En su momento cumbre, el ritmo decae, oyéndose sólo el canturrear de la voz de la soprano para, acto seguido, volver todo el carrusel de emociones, cuya velocidad cada vez es mayor, y al que se incorporan una guitarra eléctrica, una campana, una trompeta y unos trombones. El desenfreno de la melodía en su parte final, que hace evidente alusión al frenético estado de ánimo de Tuco, casa con la imagen de una manera simplemente perfecta. Y no es de extrañar, pues esta escena del filme es la primera en la que Leone utilizó en pleno rodaje la melodía de Morricone para que los actores se percataran de la trascendencia del momento. Este mismo proceso, Leone y Morricone lo utilizarían en Hasta que llegó su hora, aunque en esta ocasión en toda la película.

El último tema del compacto es Il Triello, una extensa composición que resulta ser uno de los inigualables y archiconocidos temas de duelo de Morricone. La pieza, que hace acto de presencia cuando ya es inevitable el duelo entre el bueno, el feo y el malo, es rizar el rizo. Una guitarra clásica se escucha al principio, un inquietante piano se incorpora luego, para al final una explosión de trompetas elevar el ritmo de la partitura hasta niveles estratosféricos, todo ello aderezado por un épico coro mixto. Quintaesencia de los temas de duelo, Il Triello pasa a la historia por ser el definitivo carpetazo a un estilo muy determinado de entender los enfrentamientos entre pistoleros. Es la evolución perfecta que buscaba Morricone después de sus trabajos para las dos anteriores entregas de la Trilogía del Dólar y la despedida y cierre de una etapa, pues, aunque es cierto que el compositor romano no abandonará los "western", a partir de ese momento se decantará por otras vertientes musicales, ya apuntadas en el presente "score".

Il Buono, il Brutto, il Cattivo es una de las mayores obras maestras de Ennio Morricone en particular y de la historia de las bandas sonoras en general. Majestuosa, épica, melancólica, triste y pletórica a la vez, el mayor inconveniente que tiene su calidad es que por muy largas que haga uno las reseñas, jamás puede captar la indescriptible esencia de este portentoso trabajo. Obra de consolidación de su prolífico y magistral autor, esta banda sonora ya reside por méritos propios en el Olimpo de los Intocables.

Lo mejor: El tono épico de toda la composición, que casi parece una epopeya moderna. Además, no sobra ni falta nada.
Lo peor: Aunque sé que está muy trillado decir esto, no creo que esta banda sonora ni su edición (magnífica, por otra parte) tengan ningún punto deficiente.
El track: Todos y cada uno de ellos. Así de simple.

Miguel García.

TRACK LIST:

1. Il Buono, il Brutto, il Cattivo (2:44)
2. Il Tramonto
(1:20)
3. Sentenza
(1:45)
4. Fuga a Cavallo
(1:11)
5. Il Ponte di Corde
(1:57)
6. Il Forte
(2:25)
7. In Seguimento
(2:29)
8. Il Deserto
(5:20)
9. La Carrozza dei Fantasmi
(2:13)
10. La Missione San Antonio
(2:20)
11. Padre Ramirez
(2:41)
12. Marcetta
(2:54)
13. La Storia di un Soldato
(5:35)
14. Il Treno Militare
(1:27)
15. Fine de una Spia
(1:18)
16. Il Bandito Monco
(2:47)
17. Due Contro Cinque
(3:49)
18. Marcetta Cenza Speranza
(1:52)
19. Morte di un Soldato
(3:11)
20. L´Estasi dell´Oro
(3:24)
21. Il Triello
(7:14)

TOTAL -> 60:09


 


15-IX-04
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