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La noticia pareció gustar y entusiasmar a la mayoría de aficionados, ya que Gregson-Williams, salvando las distancias, puede considerarse (junto a John Powell) el mejor de los sucesores del "estilo y sonido Zimmer", al que ha sabido aportar un carácter propio que le otroga una personalidad especial a sus composiciones. Sea como fuere, una cosa es innegable, y es que Gregson-Williams ha sabido captar por completo el espíritu que Scott quería imprimir a su película y que, en contra de los que pudiera parecer en un principio, tiene más de intimista y reflexivo que de épico y de acción (aunque también haya un pequeño espacio dedicado a esto último). La sutilidad y perfección con que las notas de Gregson-Williams se adaptan al film, encajando con cada una de las escenas en las que son usadas, es uno de los aspectos más destacables de esta partitura (y aún así, como anéctoda hay que comentar que, al final, en algunas de ellas se han mantenido los temp-tracks provisionales, entre los que se encuentran fragmentos de El Guerrero 13, Hannibal, El Cuervo o Blade 2). Pero entremos ya a valorar este trabajo como disco en sí. En líneas generales hay dos cosas que llaman la atención (positivamente) de este trabajo. La primera es el excelente uso de las voces que Gregson-Williams consigue en Kingdom of Heaven, convirtiéndose de esta forma en el score con más coros y temas vocales que ha compuesto hasta la fecha el inglés. La segunda, y más destacable aún, es la magnífica fusión de culturas que el compositor de Veronica Guerin logra con esta partitura. Como en las imágenes del film, donde las culturas cristiana y musulmana están presentes durante todo el metraje, entrelazándose y mezclándose y dando esa sensación de unión a pesar de las diferencias que las separan y las "obligan" a luchar y morir por causas demostrablemente injustificadas, la música de Gregson-Williams se muestra en todo momento conciliadora y el compositor consigue con éxito la dificilísima tarea de aunar en todo momento ambas culturas, afianzando la sensación que pretende dar la cinta de Scott. De esta forma, Gregson-Williams da una lección de maestría y madurez con un score contenido, solemne y sentido, en el que prima la transmisión de sensaciones por encima de la espectacularidad o de complacer al oyente (lo que en ocasiones juega en su contra como compacto musical). El compacto comienza, al igual que lo hace la película, con referencias cristianas. Así nos encontramos con tres buenos temas como son Burning the Past, con un toque celta frío y triste muy medieval, Crusaders, con voces celestiales y un poco más de ritmo para los cruzados, y Swordplay, perfecto ejemplo de cómo un tema incidental puede resultar muy interesante desde un punto de vista de aislamiento musical respecto a las imágenes. También pertenencen a este apartado "cristiano" otras pistas como la funcional y poco destacable (salvo en su parte final) Rise a Knight, la preciosista Coronation, con un marcado carácter religioso-trágico-coral, y Path to Heaven, otro gran track que sirve de acompañamiento al final de cinta, con los cristianos retirándose de Jerusalem y Balian volviendo a Francia, y que ilustra a la perfección ese triste "sendero hacia el Cielo" al que el protagonista llega tras muchas penalidades y complicaciones. En la parte árabe sobresale por sí solo el que, para el que esto escribe, es el mejor tema de todo el compacto, el dedicado a las tierras del señor de Ibelin, que puede escucharse en las pistas Ibelin y Light of Life (Ibelin Reprise), ésta última con la magnífica voz de Natacha Atlas, que sirve de conclusión perfecta para el CD. Este tema, aunque corto, tiene un desarrollo más que correcto y se convierte en uno de los temas más reconocibles y optimistas de toda la cinta. Otros temas de carácter árabe son To Jerusalem, con protagonismo especial de la cuerda, y Saladin, un tema pausado y solemne que no termina de convencer tanto como pretende; resulta demasiado sobrio y contenido y, por qué no, también algo insulso. Pero donde más apreciable es el esfuerzo de Gregson-Williams es en los tracks en los que auna ambas vertientes y estilos musicales, y a continuación comentaremos los más destables. A New World es el primer track en el que podemos ver la mezcla musical cristiana-musulmana, ya que, de forma sutil, Gregson-Williams combina sonidos árabes no obvios con voces y coros "cristianos". Sybilla contiene una indefinida e interesante mezcolanza de culturas (como la princesa y más tarde reina de Jerusalem), pero se queda algo corto a la hora de transmitir y reclama algo más de protagonismo. El "viento árabe" hace acto de presencia en The King, en uno de los pocos momentos en los que Gregson-Williams mezcla descaradamente voces musulmanas y cristianas en forma de lamento, construyendo un track realmente bonito. Esta técnica es aplicada de nuevo en Terms, donde una desgarradora voz cantando en árabe combinada con coros cristianos en su primera parte y una segunda mitad muy contundente conforman un estupendo track. Por último en esta parte, en The Pilgrim Road se comienza con el tema musulmán de To Jerusalem para volver luego nuevamente a temas y sonidos cristianos combinados con algo de acción. Con respecto a los momentos de acción, aunque pocos, los hay, pero se encuentran siempre acompañados por otros temas más pausados y reflexivos, con lo que no se puede decir que tengan un desarrollo muy profundo y casi se convierten en la parte más funcional y, a mi modo de ver, menos interesante del score. Quizás el momento más destacable dentro de los puntuales instantes de acción de esta partitura (y que se encuentran todos contenidos en la segunda mitad del compacto), sea The Battle of Kerak, con el tema de los cruzados de base salpicado por algunas notas árabes y con coros y voces que añaden tensión y dramatismo. No es un track redondo pero hay que reconocer que tiene sus momentos. A pesar de tener una primera escucha algo sosa, dando una impresión algo errónea de score excesivamente pausado, lento, indefinido e insulso, Kingdom of Heaven merece una segunda (y tercera) oportunidad en la que poder demostrar todo su potencial y verdadero carácter: yo se la he dado para poder escribir esta reseña y creo que ha merecido la pena. En cuanto a la edición de Sony Classical hay que decir que es bastante correcta, con un sonido bastante bueno (lo que ayuda a captar todos los matices de la partitura) y una repartición de temas acertada que se prolonga durante algo más de una hora. En definitiva, Kingdom of Heaven es buena partitura y un buen CD para disfrutar de forma tranquila y recrearse en sus matices y combinaciones musicales y corales, lo que para el buen aficionado será todo un placer y una experiencia. Y es que Harry Gregson-Williams ha creado un trabajo del que sólo se extrae el máximo jugo si se estudia detenidamente y que quizás sea menos disfrutable para el oyente que busque experiencias sonoras "fáciles", con algunos momentos que nos llevan directamente a "el reino de los cielos"... y otros no tanto. Lo
mejor: La espléndida mezcla musical que Gregson-Williams consigue
hacer de dos culturas tan diferentes como la cristiana y la musulmana y su tono
maduro y sobrio. Ricardo Borrero (76)
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