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La banda sonora de Klimt es un claro homenaje a la época en la que se desarrolla la acción del film. Arriagada compone una partitura con un reconocible sabor a la Viena (y por extensión a la Europa más clásica e históricamente popular) de principios del siglo XX. De hecho, las notas de Arriagada destilan claras influencias de compositores clásicos como Mahler, Schubert, Strauss, Berg y Schönberg, a los que el compositor chileno no llega a copiar (aunque por poco) pero sí que homenajea hasta el punto de que podría decirse que parte del trabajo de Arriagada hubiera sido compuesto por ellos y no por él mismo. Desde este punto de vista, la música de Arriagada no puede ser más idónea, ya que, como he dicho antes, cuando uno escucha esta partitura no puede más que pensar en una época y ambientes determinados. Para mi gusto (y creo que por suerte para el aficionado), la primera parte de la partitura sólo puede describirse como "genial". Y es que cuando uno empieza a oír esta banda sonora descubre una serie de cortes, concretamente los tres primeros, que lo cautivan desde la primera escucha (y casi diría que desde las primeras notas). Y más aún si uno es proclive o fan de los sonidos y estilos clásicos (como el que esto escribe). Este espléndido comienzo del CD nos augura un trabajo sobresaliente que, desgraciadamente, sólo se queda en notable tras una segunda parte sin tanta fortuna. Y es que conforme van pasando los tracks, la sensación de cansancio y empeoramiento de la calidad de los cortes escuchados va en aumento progresivamente. Es una verdadera lástima que la segunda parte del compacto, más sombría y oscura, pierda la energía, viveza y frescura que se erigen en ingredientes fundamentales del éxito de la primera parte. La escucha de este trabajo es asimilable al hecho de que a uno le enseñen un apetitoso caramelo, le permitan probrarlo y justo cuando empieza a saborearlo de verdad, se lo quiten; esta banda sonora lo deja a uno a medias, lo que no implica en absoluto que sea mala, sino simplemente "insatisfactoria". En conclusión, sin llegar a ser un trabajo redondo, la banda sonora de Klimt nos ofrece principalmente dos cosas por las que merece la pena dedicarle un poco de atención, al menos una vez, a los poco menos de cuarenta y cinco minutos que dura, a saber: lo primero, una agradable escucha (durante casi todo el score) con un estilo netamente clásico que gustará sobre todo a los aficionados del género; y lo segundo, y ésto con caracter más general, el poder descubrir a un autor muy poco conocido a nivel internacional (que demuestra una vez más que hay vida más allá de los conocidísimos compositores estadounidenses y europeos) y del que seguramente muchos fans de las bandas sonoras se estén perdiendo trabajos que merecerían ser rescatados del olvido antes de que sea demasiado tarde. Esperemos que, al igual que MovieScore Media ha hecho con éste y otros trabajos de similares características de otros autores, otros sellos discográficos tomen nota y se empiecen a editar composiciones que realmente valgan al pena, independientemente de que vengan o no avaladas por un nombre de prestigio en la portada o por una multimillonaria campaña de promoción de la película a la que acompañen. Lo
mejor: La primera parte del CD, especialmente el arranque (es decir, los tres primeros cortes), que resulta más viva, alegre y llena de energía que el resto; y el agradable estilo clásico de toda la partitura (para aquellos a los que, como a mí, les guste dicho estilo). Ricardo Borrero (131)
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