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OF A GEISHA | |||
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Película: Memorias de una Geisha (2005) Sello discográfico: Sony Classical Año de edición: 2005 COMENTARIO Tras enamorarse de la novela (y best-seller) de Arthur Golden Memorias de una Geisha, Steven Spielberg rápidamente anunció que llevaría la historia de Chiyo/Sayuri a la pantalla grande. Desde ese momento, por supuesto, su alter ego musical, John Williams, quedó vinculado al proyecto. Finalmente ha sido el oscarizado director de Chicago, Rob Marshall, el encargado de poner imágenes las palabras de Golden, quedando Spielberg relegado a labores de producción y, sin embargo, Williams, quizás viendo una oportunidad perfecta para crear otra emblemática partitura y cambiar de tercio volviendo al intimismo y las melodías suaves tras una serie de trabajos más enmarcados en la aventura y la acción, ha permanecido al frente de la banda sonora del proyecto. ¡Qué gran acierto! A sus 73 años, Williams ha compuesto cuatro trabajos este año, de los cuales, a falta de escuchar Munich podemos decir sin dificultad que Memoirs of a Geisha es su gran partitura de 2005. Y es que, a diferencia de la sólo correcta Star Wars Episode III: Revenge of the Sith y la adusta War of the Worlds (trabajos que parecen compuestos únicamente por compromiso y para salir del paso), Memoirs of a Geisha es una obra elaborada con mucho cudado y cariño; y eso definitivamente se nota en el resultado final. Además, Williams ha contado para la ocasión con el chelo de Yo-Yo Ma y el violín de Itzhak Perlman, dos grandes intérpretes con los que Williams ya había colaborado anteriormente con rotundo éxito. El tema principal de Memoirs of a Geisha puede describirse con una sola palabra: precioso. Aunque tiene diversas variaciones, en su formato original, que podemos escuchar en Sayuri's Theme, observamos que se trata de un tema intimista y de belleza contenida, como si tuviera vergüenza de mostrarse en todo su esplendor y encandilarnos definitivamente a todos. Sinceramente, creo que recoge excepcionalmente el espíritu del personaje principal y es un ejemplo perfecto de la gran sensibilidad musical de John Williams. Como he dicho antes, este motivo está presente en diversas variaciones a lo largo de todo el compacto y en todas ellas suena de maravilla. En general, toda la obra tiene un aire intimista y, por supuesto, oriental. El veterano maestro vuelve a hacer magia y nos sorprende (o quizás a estas alturas ya no se pueda hablar de "sorpresa") con un trabajo excelente, lleno de gracia, sensibilidad y carisma. Para ello se sirve de instrumentos típicamente orientales (introduciendo incluso algunos momentos vocales), además del viento y la cuerda, siempre utilizados de forma suave, y echando mano de la percusión en aquellos momentos que la necesitan. A todo ello hay que añadir un sonido perfecto recogido en la edición discográfica de Sony Classical, de una hora de duración, que realza más aún las magníficas orquestaciones de toda la partitura. Aunque ciertos temas, como por ejemplo el principal, hacen gala de un estilo clásico muy propio del compositor neoyorkino (parecido a otros trabajos suyos como, por ejemplo, Angela's Ashes o Schindler's List, siempre hablando dentro del contexto formal), Williams, valiente, se atreve por momentos con un estilo que no recuerdo haberle oído antes con el fin de adaptarse a la historia y aportar algo nuevo a su magna obra. Quizás el único punto débil, por llamarlo de alguna forma, de este CD sea la inclusión de ciertos pasajes que, por su atonalidad y esencia rítmica y melódica, resultan bastante duros en las primeras escuchas del compacto. Sin embargo, si se los estudia y presta la debida atención, encontraremos en ellos un trabajo titánico de adaptación, un cuidado diseño y una madurada y meditada composición cuyo único fin es hacerlos encajar finalmente en la estructura de una obra más compleja y completa de lo que pudiera parecer en un principio como es Memoirs of a Geisha. En resumen, Memoirs of a Geisha es un trabajo que no puede faltar en las estanterías de cualquier buen aficionado a Williams y a la música intimista y llena de sentimientos. De nuevo, hay que quitarse el sombrero ante el maestro Williams. ¡Bravo! Lo
mejor: La sensibilidad que envuelve a toda la partitura. Ricardo Borrero.
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