BSO: Reseña
ONCE UPON A TIME IN THE WEST
(Ennio Morricone)

             
 
 


Concluida la mítica Trilogía del Dólar, Sergio Leone ideó para sus futuras aportaciones cinematográficas un nuevo tríptico mucho más ambicioso formal y temáticamente, con la tragedia y el drama como máximos protagonistas y con un cariz bíblico (ya expuesto de manera evidente en El bueno, el feo y el malo) que dotaba de enorme trascendencia a estos nuevos filmes que abordaron la historia de los Estados Unidos. Las tres entregas que constituyeron esta peculiar trilogía fueron la presente Hasta que llegó su hora (Once Upon a Time in the West, 1968), la algo decepcionante Agáchate, maldito (Giù la Testa, 1971) y la insuperable Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984). Evidentemente, todas ellas contaron con la aportación de Ennio Morricone como idóneo compositor, consiguiendo (sobre todo en la primera y última entregas) potenciar hasta límites operísticos el drama humano que se esconde tras la evolución de América. La idea de que el progreso destruye a un tipo de hombre muy particular, protagonista de los filmes de Leone, dejaba bien claro que la nostalgia y la melancolía iban a ser las características predominante en estas bandas sonoras.

Hasta que llegó su hora es una película donde el verdadero protagonista es el tiempo. Su ritmo pausado, con enormes pausas temporales entre escena y escena, no tiene su génesis en el interés del cineasta por tratar este tema específico de una manera más obsesiva que la que le presta a otros temas del filme (la venganza, el progreso mal digerido, las segundas oportunidades, la tragedia…). El tiempo se esculpe en el filme con una lentitud tan concreta porque las imágenes están al servicio de la música. Y es que, en realidad, Hasta que llegó su hora es un musical. Sí, sí, es la verdad. No parece que los personajes canten, pero lo hacen a su manera. Es el único y auténtico musical del "western" que existe. Una danza de la muerte con temas pletóricos e insuperables que dejan constancia de la maestría de Leone para jugar con la música, los sonidos y el silencio y del talento de Morricone para crear una partitura que es el cimiento de una película que casi dura tres horas.

Cuando Leone le entregó el guión de la película a Morricone exigiéndole que creara una composición que actuaría de barómetro para constituir formalmente el filme, el compositor romano fue consciente de que Once Upon a Time in the West era la oportunidad perfecta para pulverizar los trabajos anteriores que había compuesto para los "spaghetti-western" y dar a conocer un nuevo estilo que, sin traicionar los postulados que él mismo se había impuesto, pudiera ser un paso evolutivo hacia una manera distinta de entender la música "spaghetti". A diferencia de las bandas sonoras para la Trilogía del Dólar, la presente obra es mucho más clásica en su concepción. Las novedades estilísticas que el músico italiano mostró anteriormente sólo hacen acto de presencia en momentos muy concretos para evocar una emoción muy especial. Entendida como una obra casi independiente de los fotogramas, Once Upon a Time in the West no necesita de las imágenes para entenderse: la música ya cuenta de sobras la historia. Ahí radica el máximo acierto de este "score" tan contundente como nostálgico y repleto de temas memorables que forman parte por méritos propios de la Historia del Cine.

La banda sonora se basa en tres "leit-motiv" (existe un cuarto dedicado al personaje del multimillonario Morton, que inexplicablemente, no aparece en el compacto) que ilustran la esencia de los cuatro personajes principales: Harmonica, Jill, Frank y Cheyenne. A estos motivos musicales (que contienen sus correspondientes variaciones) se les suman algunos temas ambientales para dotar de fisicidad al "score".

El compacto se abre con Once Upon a Time in the West, tema central del filme y "leit-motiv" de Jill (Claudia Cardinale), una prostituta de Nueva Orleans que llega al Lejano Oeste con la intención de formar una familia con un irlandés, dando así carpetazo a su anterior vida en burdeles. Que Morricone optara por unir en un mismo tema la esencia de la historia con el espíritu del personaje femenino deja constancia del interés por unificar el continente americano con la figura de este personaje, una especie de Donna Angelicata, una alegoría de la melancolía, la suciedad, pero también de la esperanza de un territorio aún por explorar (vuelve a aparecer la idea de "Tierra Prometida", como ya sucediera en El bueno, el feo y el malo, aunque en esta ocasión de una manera más lírica). Tema bellísimo, pletórico, romántico y nostálgico, Once Upon a Time in the West es una pieza evocadora de recuerdos y de anhelos perdidos que todavía pueden ser reencontrados. De hecho, el personaje de Jill, que podría haber sido engullido por los cuatro estupendos personajes masculinos que aparecen en la trama, consigue sobresalir de manera gloriosa gracias a este tema.

La pieza se inicia con las breves notas de un instrumento de cuerda que pronto dan paso a la estupenda voz de Edda Dell´Orso, cuyas cuerdas vocales dotan de personalidad a América, como madre acogedora de proscritos, y al personaje desencantado de Jill, quien ve en el Far West una segunda oportunidad para ser feliz. En constante "in crescendo", la contundente voz de Dell´Orso se ve acompañada por unos pletóricos violines y por un coro mixto que dotan de un verdadero significado operístico a tan evocadora pieza. A lo largo de la banda sonora, este tema contiene numerosas variaciones, todas ellas bellísimas y con un evidente tono dramático. A Dimly Lit Room es la variación que más se desmarca del tono del tema central. Música acogedora, casi parece una nana, aparece en el filme cuando, en su nueva casa, Jill es consciente del sueño de su difunto esposo. La reconciliación entre pasado y presente da lugar a un corte donde unos suaves violines y las notas de un xilófono pretenden crear un momento de ensoñación: Jill es consciente de que podría haber tenido una vida perfecta al lado de un hombre que la amaba. Otra variación la encontramos en Jill´s America, pieza que suena cuando el personaje femenino baja del tren y llega a unas tierras extrañas que le pueden devolver la felicidad. Un sentido coro masculino y unos sutiles trombones inician la música para, poco a poco, a medida que Jill va tomando conciencia de ese nuevo mundo, los trombones desaparecen para dar lugar a unos majestuosos violines que parece que vuelen allí donde está la imaginación de la protagonista. Finalmente, en Finale escuchamos por última vez el majestuoso tema de Once Upon a Time in the West, pero esta vez el cariz pletórico llega a niveles tan emotivos que es muy difícil no emocionarse cuando la voz de Edda Dell´Orso hace acto de presencia, marcando la pauta de la composición. Pocas veces una voz había estado tan ligada al espíritu de un filme como ésta. Tan bella demostración vocal viene arropada por unos evocadores violines que llenan de belleza a una película tan dura y oscura como ésta, donde el personaje femenino actúa como elemento redentor en un mundo de perdedores.

El segundo "leit-motiv" de la banda sonora hace referencia al personaje de Cheyenne, un pistolero trotamundos, cuya habilidad con el revólver sólo es superada por su verborrea. Es un personaje esencialmente cómico, bastante fresco, que dota de humor a una historia muy triste y sobria. Farewell to Cheyenne, corte que muestra el tema de este personaje, es una pieza que guarda un parecido más que notable con los temas principales que ilustraron la Trilogía del Dólar (sobre todo con el tema de Joe en A Fistful of Dollars). Morricone utiliza un banjo para ilustrar el trotar tranquilo de Cheyenne montado en su caballo (el interés onomatopéyico del compositor vuelve a aparecer) mientras que un divertido piano acompaña al instrumento de cuerda para reforzar el tono sosegado del personaje. La inclusión de unos silbidos (tan caros al músico romano) demuestra que esta pieza es la que más se asemeja a anteriores trabajos de su autor. Es un corte tremendamente apaciguador. Tanto que, aunque veamos a Cheyenne (Jason Robards) cometer actos reprochables, su "leit-motiv" nos advierte de que no es un mal tipo. Por contraste, este tema se contrapone al "leit-motiv" de Jill porque se basa más en un postulado prosaico que lírico. Apreciamos una variación de Farewell to Cheyenne en The First Tavern, tema que coincide con la presentación del personaje cuando entra en la arenosa taberna en la que está Jill y…Harmonica. Es una pieza que se sustenta también en el banjo, pero hay un cariz de suspense en la melodía gracias a un inquietante piano y a unos intrigantes violines. Lógico: a estas alturas de la película aún no sabemos si Cheyenne es un personaje positivo o no.

El tercer gran "leit-motiv" de la banda sonora es aquél que une al asesino Frank (Henry Fonda) con el misterioso hombre de la armónica (Charles Bronson). Como ya hizo anteriormente con La Resa dei Conti en For a Few Dollars More o con el tema principal de Il Buono, il Brutto, il Cattivo, Morricone crea un tema que no ilustra tanto la esencia de un personaje como la relación que se establece entre dos o más individuos y que tiene que ver con un pasado remoto. Es cierto que en el "score" podemos discernir un tema que se supone que está dedicado a Fank y otro a Harmonica. Sin embargo, en el filme el tema es inconcebible si no están presente en la pantalla los dos personajes de una manera u otra. Contundente, magistral e inolvidable, la fuerza duelística de Man with a Harmonica fue tan grande que casi eclipsa al tema central de la película.

Man with a Harmonica se inicia con el agonizante sonido de una armónica, instrumento que durante todo el filme toca el personaje interpretado por Bronson. Utilizada de manera diegética en muchos momentos del filme, la armónica y su inconfundible sonido tienen un objetivo muy determinado en esta pieza: ilustrar mediante la música el llanto afligido y profundo de un hombre impertérrito que es poseedor de un triste pasado. La obsesiva venganza de Harmonica, un personaje misterioso y muy, muy sutil, entronca con la contundencia salvaje de Frank. La esencia de este asesino es ilustrada por una contundente guitarra eléctrica distorsionada que acompaña al llanto armónico en un inevitable cara a cara donde Frank intenta encontrar respuestas mientras que su oponente pretende consumar una venganza que lleva planeando hace demasiado tiempo en la recámara de su corazón. De esta manera, una vez podemos distinguir mediante dos instrumentos la forma de ser de cada uno de los protagonistas del duelo, se nos presenta un epopéyico coro mixto acompañado por unos maravillosos violines y por unos contundentes tambores que ilustran el momento culminante de una manera de vivir trágica y siempre dramática. La carga emotiva de Man with a Harmonica es de tal envergadura que hoy día queda como el mejor tema duelístico de Ennio Morricone (lo que es decir mucho).

Asimismo, a lo largo del "score" encontramos algunas variaciones de este tema en cortes como As a Judgement, una pieza terrorífica que pretende ilustrar el carácter despiadado de Frank a partir de la mencionada guitarra eléctrica mientras unos violines desafinados evocan a unos buitres que surcan el cielo (con lo que se consigue transmitir la idea de que Frank es portador de muerte y destrucción). Sin embargo, a mitad de melodía la guitarra desaparece para dar paso a unos trombones y a unos contrabajos que dotan de cierta heroicidad a un personaje tan terrible y canallesco como éste. De esta manera, Morricone consigue no caer en maniqueísmos: Frank es terrible, pero su crueldad no deja de ser humana. Otra variación la podemos encontrar en The Second Tavern, aunque en esta ocasión para mostrar el primer encuentro entre Cheyenne y Harmonica. Un halo de misterio envuelve la pieza a partir de unos violines, de una flauta, de un banjo (para dejar constancia de la presencia de Cheyenne), de un xilófono y de un flautín. Aún existen dos variaciones más de Man with a Harmonica en The Man, pieza de intriga gracias a una inquietante guitarra clásica y a unos contrabajos y que aparece en el filme cuando Jill se topa por primera vez con Harmonica, un personaje del que aún no sabemos cuáles son sus auténticas intenciones; y en Death Rattle, donde el protagonismo de la armónica es absoluto, pretendiendo con su sonido simular tanto el llanto interno de Harmonica como los últimos jadeos de un moribundo antes de expulsar el aliento definitivo.

Por último, el compacto contiene un par de piezas ambientales que, debido a la calidad del "score", acaban por ser mucho más de lo que aparentan en un principio. The Transgression sigue los postulados atonales que ya utilizó Morricone para crear piezas de suspense en la Trilogía del Dólar. Tambores, timbales, sonidos de madera, extraños ruidos de metal, etc. se escuchan sin apenas ritmo alguno para ilustrar un momento en el filme de máxima tensión y suspense cuando Frank es asediado por sus propios compinches bajo la atenta mirada de Harmonica. El símil tan caro a Morricone que se crea entre el Oeste y los tiempos prehistóricos del hombre vuelve a hacer acto de presencia en esta pieza. Por su parte, Bad Orchestra tiene intenciones más evocadoras. Este tema suena cuando Jill baja del tren y llega a un territorio desconocido como es el Oeste. Es una pieza que ilustra el pasado poco virtuoso de la protagonista en burdeles a partir de un piano casi de "saloon". Esta música contrasta con la de Jill´s America que sonará inmediatamente después, cuando la protagonista se cerciore de que aquel lugar puede ser una segunda oportunidad en su vida.

Once Upon a Time in the West es una banda sonora que no rompe de manera brusca con aquellos "scores" que hizo Morricone para la Trilogía del Dólar. Sin embargo, su tono elegíaco, nostálgico y sentido les da una nueva dimensión dramática a las partituras para "spaghetti-western" que creó este magnífico compositor. Una auténtica ópera de la muerte, con personajes que son conscientes de su trágico destino, que pone los pelos como escarpias y que se ha convertido en una de las mayores obras de arte del panorama musical cinematográfico, formando junto con Il Buono, Il Brutto, Il Cattivo y Once Upon a Time in America la particular trilogía musical perfecta de Leone-Morricone. Una gozada para los sentidos y para el corazón, pues pocas composiciones han conseguido transmitir tan profundos sentimientos como lo ha hecho la presente banda sonora. Una obra maestra.

Lo mejor: El tono elegíaco de la banda sonora. Es una auténtica ópera que no necesita de las imágenes para ser entendida. Y sin necesidad de cantar.
Lo peor: En la presenta edición falta el tema de Morton, un personaje de gran trascendencia en la película y cuya melodía es preciosa. Es inexplicable la ausencia de este tema en el CD. Una lástima.
El track: Cualquiera de los tres motivos musicales que definen a los protagonistas. Todos ellos, insuperables.

Miguel García.

TRACK LIST:

1. Once Upon a Time in the West (3:46)
2. As a Judgement
(3:07)
3. Farewell to Cheyenne
(2:40)
4. The Transgression
(4:38)
5. The First Tavern
(1:41)
6. The Second Tavern
(1:34)
7. Man with a Harmonica
(2:28)
8. A Dimly Lit Room
(5:09)
9. Bad Orchestra
(2:26)
10. The Man
(1:05)
11. Jill´s America
(2:48)
12. Death Rattle
(1:47)
13. Finale
(4:08)

TOTAL -> 38:17

 


30-IX-04
7


EL PÚBLICO OPINA... 4.5/5