|
BSO:
Reseña
|
||||
![]() |
ORCA (Ennio Morricone) |
|||
|
La empresa era compleja y podría haber resultado hasta ridícula. En un momento en el que el público quería ver a monstruos marinos devorando a diestro y siniestro a jovencitas en bikini (de lo que se encargaría Tiburón II (Jaws II, 1978), el pretender que el animal asesino no sólo no fuera asesino porque sí, sino que estuviera obsesionado en consumir una venganza, suponía toda una odisea. Dino De Laurentiis, productor del filme, era consciente de que debía conseguir unos excelentes actores (acertados Richard Harris y Charlotte Rampling) y de que la banda sonora (al igual que en el filme de Spielberg, aunque con objetivos muy distintos) sería fundamental para que el espectador fuera consciente del sufrimiento y de la agonía que padece la orca. Precisamente es el interés de los responsables de la película por la música lo que diferencia a Orca, la ballena asesina de otras imitaciones por el estilo. Ennio Morricone, ya considerado por aquellos años un compositor prestigioso de indudable calidad, fue el encargado de dotar de sensibilidad a la orca y también de ilustrar la locura que surge en el animal con motivo de su venganza. En su momento, sorprendió bastante la elección de Morricone para una película de estas características, a las que estaban más acostumbrados otros excelentes compositores como John Williams o Jerry Goldsmith. No obstante, Morricone por aquella época ya había compuesto bandas sonoras muy distintas para películas muy diferentes. Y además, bien mirado, la historia de Orca no se diferenciaba tanto de aquellos argumentos con la venganza como protagonista a los que era tan recurrente Sergio Leone en sus películas y cuyas bandas sonoras tan magníficamente había compuesto Morricone. La banda sonora de Orca
se nutre de un poderoso y romántico leit-motiv dedicado a la
orca que contiene diversas variaciones a lo largo del score. En este
tema confluyen a la perfección casi todos los sentimientos de
la ballena: la tragedia, el romanticismo, la pena y la melancolía.
Llega a ser tan importante, que no es de extrañar que el resto
de los cortes que conforman la banda sonora queden algo eclipsados por
esta suerte de melodía que recuerda a los grandes temas románticos
que Morricone creó para películas como Hasta que llegó
su hora (C´est una volta il West, 1968). Como contraste,
el resto de la partitura muestra unos temas atonales y estridentes que
pretenden ilustrar la locura de la orca por llevar a cabo su venganza
y la enajenación que se apodera de la mente del pescador Nolan
(Richard Harris), responsable fortuito de la muerte de la pareja y de
la cría de la ballena. A continuación trataremos por separado
los dos grandes bloques que constituyen la banda sonora: el majestuoso
tema central y los demás cortes. El auténtico tema central del score lo podemos escuchar en el corte Finale. Un tema esplendoroso, lleno de romanticismo y con toques de tragedia. La melodía comienza con un tono de suspense que profetiza sobre la trágica historia de amor de las dos ballenas al que le sigue una armoniosa música protagonizada por instrumentos de cuerda, siempre secundados por un órgano que ilustra el drama sumergido dentro de la idílica relación entre ambos animales. En progresivo aumento, el tema se inicia con los contrabajos como protagonistas para dar paso a los violines, dotando a la pieza de una grandilocuencia amorosa siempre épica y jamás cursilona. Morricone se nos muestra en pleno estado de gracia y vuelve a dejar constancia de su vertiente melódica, capaz de llevar a límites insospechados las emociones más sensibles. La mejor variación del leit-motiv la podemos encontrar en el corte Dialogue of the Memories, estupendo tema protagonizado por la majestuosa voz de Edda Dell´Orso, que dota de enormes dimensiones trágicas a la relación entre el pescador y la ballena, pues la voz de Dell´Orso contiene unas reminiscencias oníricas que ilustran los recuerdos de Nolan al percatarse de que la pérdida de la ballena es similar a la que él sufrió cuando un conductor mató a su mujer, que estaba en cinta. El paralelismo entre animal y hombre (y la ironía de que quien antes fue víctima ahora es verdugo) lleva al paroxismo la idea de que la orca y su presa están unidos por el destino y sólo la muerte los podrá separar. Morricone consigue en este tema, y gracias a su habitual colaboradora, llevar la lucha del pescador y de la ballena a unos niveles de dramatismo que nada le tienen que envidiar a los acaecidos en la gran Moby Dick. Otra variación del tema central está en Openning and Encounter, preludio del encuentro entre hombre y bestia, y en Nocturne for a Remorse, canto afligido y de pésame del pescador pidiendo perdón a la orca por la carnicería que él mismo cometió. Al famoso tema central de la orca le siguen una serie de temas que denominaríamos de acción si no fuera porque no es del todo cierto que estos cortes funcionen sólo desde este punto de vista. Estas músicas, que se caracterizan por ser tremendamente experimentales si tenemos en cuenta de que se trata de una composición para un filme de pura explotación comercial, se basan en ciertos toques de violines y trompones que recuerdan a algunas notas de Jaws, en clara alusión paródica al filme de Spielberg, pues pronto ese tono heredado de John Williams se transforma en una estridente música repleta de sonidos atonales que pretende no tanto ilustrar la batalla épica entre el pescador y la orca como la locura irrefrenable del animal. Un tema que ilustra perfectamente lo comentado lo tenemos en The Fight, the Victory, the Death, pieza que evoca tanto el primer encuentro entre la orca y Nolan (con la consiguiente muerte de la orca hembra y de su cría) como el enfrentamiento final entre ambos. Hierros frotados con cristales y extrañados sonidos de percusión se entremezclan con instrumentos más convencionales como son unos violines y unos contrabajos donde se nota la extraña influencia que ejerce Bernard Herrmann en Morricone. Este enigmático aunque brillante tema deja constancia del interés del compositor italiano por mostrar a través de la música la psique de los protagonistas, en clara oposición a lo que hizo John Williams con la mítica banda sonora del inolvidable escualo. El corte Attack and Mistake vuelve a incidir en este asunto. Mucho más elaborados, y complementarios, son los cortes Early Ices y Arrival at the Pole, basados en un mismo tema lleno de misterio y suspense que ayuda al espectador a entender que cuando la orca obliga al pescador y su tripulación a embarcarse hacia el Polo Norte es porque ése es el particular infierno de cualquier pescador, un lugar de donde sólo se puede salir con los pies por delante. Los instrumentos de cuerda se encargan de dotar de misterio al extraño lugar donde llegan los personajes mientras que unas breves notas del tema central del score, esta vez versionado con flautín, añaden el elemento trágico a la composición, recordándonos la idea de venganza del animal. Early Ices hace hincapié sobre todo en la próxima llegada al Polo Norte, es por ello que el contrabajo y los violines son los protagonistas centrales. Sin embargo, Arrival at the Pole incide más en recordarnos por qué los protagonistas del filme están en tierras glaciales, y es por ello que el tema central adquiere más protagonismo. Alejados totalmente
de los dos estilos que hasta ahora hemos tratado, los temas Intermezzo
y A Ball at Home suponen un soplo de aire fresco en una composición
musical tremendamente dramática. El primero es una minúscula
pieza bufonesca protagonizada por violines que hace referencia en el
filme a cuando la orca provoca con su aleta al pescador Nolan a seguirla
hasta los confines del mundo. Aunque es innegable su soterrado elemento
siniestro, es una pequeña genialidad por parte de Morricone el
romper la tensión con este corte que nos ayuda a entender la
extrema inteligencia de la orca, que sabe perfectamente lo que hace.
Aún más rupturista con el estilo del score resulta A
Ball at Home, el único tema de la banda sonora que es utilizado
en la película de manera diegética. Con influencias folk,
de jazz y también del funky más setentero, la canción
es lo único que a lo largo del filme nos recuerda que la historia
transcurre a finales de los 70. Lo
mejor: El insuperable tema central. Una demostración
de lo maravillosa que puede ser la música melódica de
Morricone. Miguel García.
|
||||
|
|
|
|||