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El proyecto musical inicial de Pirates of the Caribbean. The curse of the Black Pearl fue puesto en manos de Alan Silvestri, compositor que ya había trabajado en dos ocasiones con el director de la cinta, Gore Verbinski (Un ratoncito duro de roer, The Mexican). La alta calidad de estos dos trabajos y la maestría de Silvestri prometían un score de aventuras magnífico. Sin embargo, por causas aún desconocidas, Silvestri fue sustituido por Hans Zimmer, el cual contaría con poco tiempo para realizar la música de la película así que tendría que recurrir a la ayuda de alguno de sus colaboradores de MediaVentures. Por cierto, que Silvestri recicló el material que ya tenía compuesto para Pirates of the Caribbean. The curse of the Black Pearl y lo ha utilizado para su siguiente trabajo, Tomb Raider. La cuna de la vida (y los que lo han oído dicen que está muy bien). El caso es que tratándose de una producción Jerry Bruckheimer, es casi normal que al final se optara por utilizar música de los chicos MediaVentures, que es lo que viene siendo habitual las producciones de este señor. Al verse Zimmer desbordado de trabajo con Matchstick Men, de Ridley Scott, y El último samurái, de Ed Zwick, delegó toda la responsabilidad de Pirates of the Caribbean. The curse of the Black Pearl en su pupilo Klaus Badelt, que ya había demostrado ser suficientemente capaz de abordar un trabajo importante con garantías. Y esta es la historia de este trabajo musical. Pasemos a describir qué ha hecho Badelt en este score. En primer lugar, y con sólo una escucha del trabajo de Badelt, se puede afirmar que, tras un atisbo de originalidad, éste cae en una simple repetición de las fórmulas usadas en casi todas las cintas de acción de MediaVentures, es decir, temas potentes y música sin descanso (La Roca, Armaggedon). No es para nada lo que se podría esperar de una película de piratas, donde la aventura debería superar a estos temas de acción sin límite. Es, sin embargo, un score funcional que no desentona con la película, pero eso es todo. Funcional, pero no magnífico (igual que la película). Quizás también decepcione un poco debido a la alta calidad de los últimos trabajos de Badelt, aunque hay que decir en su favor que seguramente dos factores importantes han influido en el resultado de esta composición: la primera, la falta de tiempo (éste ha debido de ser muy escaso ya que en todos los carteles de la película nos encontramos a Alan Silvestri como músico de ésta); y la segunda, la imposición por parte de su productor, el señor Bruckheimer, de que la música suene a Producción Bruckheimer. En definitiva,
es éste un trabajo que, para estar compuesto en poco tiempo,
resulta bastante efectivo (y efectista) y posee algunos puntos a favor
pero del que se esperaba más. Nunca sabremos que hubiera sido
de él si lo hubiera compuesto Silvestri o un Badelt con un poco
más de tiempo
aunque seguramente sería algo mejor. Lo
mejor: Los momentos en los que aparece el Badelt inspirado
y original, usando violines y no sintetizadores, y, por qué no,
algunos momentos de acción que están muy logrados. Ricardo Borrero (3)
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