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BSO:
Reseña
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THE
THING (Ennio Morricone) |
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Para The Thing, Morricone, que jamás ha tenido problemas en mezclar los sonidos más convencionales con las ideas más rupturistas, mostró una sensibilidad y una humildad poco habituales en compositores de su caché. Consiguió unir de manera satisfactoria su personal estilo con los sintetizadores tan caros a Carpenter. Y aunque es cierto que para el compositor de The Untouchables los sintetizadores no eran ninguna novedad (precisamente fue él quien mejor uso les ha dado a lo largo de la más reciente historia de las bandas sonoras), en esta ocasión decidió imitar el estilo de Carpenter en algunos pasajes de la composición, una manera de dotar a la película de la curiosa personalidad del cineasta. Lamentablemente, el director no tuvo tanta consideración con Morricone, pues, inexplicablemente, optó por utilizar de forma abusiva los temas que más se asemejan a su peculiar estilo de componer, relegando a unas pocas notas, casi anecdóticas, las piezas más morriconianas y que, además, eran las más acertadas del score. Flaco favor le hizo John Carpenter a nuestro admirado compositor, aunque más flaco se lo hizo a su película que, sin duda, con la música del autor italiano en su totalidad aún hubiera sido más estupenda de lo que ya es. The Thing no es una banda sonora que destaque especialmente por un tema en concreto. Al igual que la película, el tono opresivo de cada una de las canciones dotan en su conjunto de personalidad a la composición. De hecho, no es un score fácil de escuchar de buenas a primeras. Ni siquiera su tema central (dividido en dos cortes: Humanity I y Humanity II) es extraordinariamente destacable. Hay que entender este CD como un todo indivisible, aunque eso no significa que no podamos diferenciar algunas piezas de otras. Esta diferencia es posible, pero no por la variedad temática de la partitura, que siempre oscila entre el terror y el misterio a partir de reiteradas notas minimalistas, sino gracias (y como ya hemos comentado con anterioridad) a aquellos temas que se aproximan más al estilo de Carpenter y que se alejan (sólo un poco) del más puro estilo de Morricone. Curiosamente, la edición de Varése Sarabande que comentamos hace una clara división entre estos dos sutiles cambios de estilo. Del corte primero al quinto, Morricone opta por ser más personal, con temas muy siniestros y siempre minimalistas, pero a partir de instrumentos de cuerda como violines y contrabajos, apoyándose en ocasiones en un inquietante sonido de piano. Por el contrario, del "track" sexto hasta el último (con la excepción de la pieza Despair), el músico romano asimila el estilo de Carpenter como hace el alienígena del filme con sus víctimas (y conociendo la inteligencia y la sensibilidad de Morricone no creo que este comentario sea gratuito, pues no es habitual en este autor ceder su elaborado estilo personal en pos de una música que le resulta ajena). El tema central de la banda sonora, dividido en los mencionados Humanity I y Humanity II, es la esencia de la composición: una música minimalista, tétrica, siniestra que repite de manera obsesiva una serie de notas interpretadas por violines. Morricone elige esta música nada espectacular para minar la psique del espectador. El tema parece inofensivo y poco eficaz, pero gracias a las reiteraciones que se producen a lo largo de los siete minutos que duran cada una de las piezas el oyente percibe la amenaza que supone el extraterrestre. El tono "in crescendo" de las composiciones ayuda a provocar una mayor inquietud. Sin embargo, y a pesar de que los dos cortes son el mismo tema y varían muy poco el uno del otro, Humanity I es más cercana al espíritu de Morricone: la idea de amenaza es más sutil, no tan evidente, el compositor pretende con esta pieza dejar constancia de que existe un peligroso alienígena, pero a éste aún no se le ha visto en acción, por lo que la música debe evitar ser demasiado explícita. Por el contrario, Humanity II sigue los postulados de la música de John Carpenter. Un sintetizador simula los latidos de un corazón mientras que la melodía minimalista del tema principal se hace mucho más explícita y fúnebre gracias al uso de un órgano, que sustituye a los violines de Humanity I. La mayoría de los temas que siguen a estos dos cortes siguen una línea similar, donde prima el efecto psicológico de la música, dejando de lado la espectacularidad, casi imperceptible. La única diferencia reside en si los temas seguirán un estilo más sutil, caso de Shape o Solitude o, por el contrario, más explícito: Sterilization. Por estar algo alejados del tono predominante del score, merecen especial mención los temas Contamination y Bestiality. Contamination comienza con un contrabajo que interpreta unas notas de jazz para en pocos segundos convertirse la pieza en una amalgama de sonidos de cuerda que simulan el devenir de las células de un organismo al ser infectado por el alienígena. Enésima demostración de la versatilidad de Morricone, es uno de los temas más inquietantes de la banda sonora, realmente opresivo en su poco más de un minuto de duración. Por su parte, Bestiality es un tema que aunque sigue la estela habitual de la composición, es mucho más vehemente que en otros cortes. No es una variación del tema principal, sino una música totalmente original protagonizada por unos estridentes violines influidos por la larga sombra de Bernard Herrmann y de su insuperable Psycho (Psicosis, 1960). El CD concluye con End Title and Credits, variación del tema central que destaca por el contundente uso de los sintetizadores. Aquí Morricone acaba siendo más Carpenter que el propio Carpenter. The Thing no
es una de las mejores composiciones de Morricone, pero sí que
es una de las más acertadas bandas sonoras que se han creado
para una película de terror. Injustamente tratada en su época
tanto por la crítica (fue nominada a los Razzies en 1983) como
por el propio director del filme, The Thing es una atípica
composición que merece mucho más respeto del que se le
ha profesado hasta el momento. A pesar de que la variedad temática
brilla por su ausencia, el reiterar una serie de temas dotan al score
de un tono claustrofóbico deliberado e imprescindible para que
el extraterrestre resulte amenazador sin copiar las fórmulas
que el difunto Jerry Goldsmith utilizó para su inolvidable Alien
(una banda sonora que también fue mutilada, curiosamente).
Si se le puede achacar algo a esta excelente composición es el
parecerse en demasía a otra obra de Morricone: White Dog,
partitura bastante desconocida para el gran público y de la que
se nutre más de lo deseado la presente obra. Lo
mejor: La sensación de desasosiego que produce la
obra en su conjunto y el esfuerzo de Morricone por imitar la música
propia de John Carpenter en determinados momentos. Miguel García.
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