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No obstante, el hecho realmente importante del filme que nos ocupa fue la nueva y fecunda colaboración que nació entre Hitchcock y Bernard Herrmann, uno de los músicos más reputados (y agrios) del panorama musical "hollywoodiense". Herrmann era casi tan conocido como el director de "Psicosis" dentro del mundo de la música. Creador de obras tan maravillosas y geniales como "Citizen Kane" (1940), "Jane Eyre" (1944) o "The Ghost and Mrs. Muir" (1947), el compositor neoyorkino se había fraguado una reputación como impecable músico de partituras románticas desaforadas, de un neoclasicismo cercano al de Stravinsky o al lirismo de Mahler, de quienes era un devoto admirador. Era bastante obvio el interés de Herrmann por recuperar una tradición armónica eslava y centroeuropea, por lo que no dejó de sorprender la elección de Hitchcock cuando le ofreció "musicar" "Pero ¿quién mató a Harry?". Sin embargo, puede que nuestro director no fuera una persona de una cultura superlativa en cuanto a conocimientos musicales, pero sabía muy bien diferenciar el grano de la paja e intuyó que Herrmann podía ser el compositor que reflejara con notas la esencia de sus filmes. Dentro de la carrera de Herrmann sobresalen algunos títulos que no concuerdan punto por punto con el poderoso dramatismo de sus piezas, desde partituras de filmes de aventura hasta piezas jazzísticas (y, por lo tanto, populares), alejadas del elitismo musical del compositor. "The Trouble with Harry" es una de esas obras que desconciertan un tanto al ser oídas por primera vez, pues contiene algunas características muy sutiles que la convierten en una composición única en la carrera del autor de "Jane Eyre". En esta ocasión, la gran peculiaridad de semejante "score" es el esquinado sentido del humor que predomina en buena parte de la partitura. Un tono jocoso muy macabro que agudiza el tono que Hitchcock confirió a la película. Teniendo en cuenta que Herrmann es un compositor más bien grave, serio y de un lirismo contundente, es de un gran mérito y de una enorme profesionalidad el adaptar su inquebrantable e inimitable huella musical a unos objetivos más "ligeros" o "intrascendentes". Herrmann construye la banda sonora a partir de dos apartados musicales muy dispares, pero totalmente complementarios. Por un lado, una pieza de suspense que está vinculada con la muerte de Harry y con los curiosos personajes que están implicados directa o indirectamente en su supuesto asesinato; por otro, dos temas líricos muy bellos, sosegados y no exentos de cierto aire bucólico. Estos mencionados "leit-motives" sirven para dotar de personalidad a la aldea en la que transcurre la historia, protagonista encubierta del filme. En una nueva demostración de que los grandes genios hacen fácil lo difícil y sacan oro de las estructuras más manidas, el compositor de Psycho alterna los tres grandes temas de la historia, poniéndolos del derecho y del revés para crear una interesante dicotomía entre las apariencias y las realidades ocultas que constituyen la esencia del ser humano. Herrmann opta por un tema hermoso y cálido que representa la plácida existencia de un tranquilo pueblo y por otro romántico que define los lazos que se unen poco a poco entre los protagonistas de la historia. Sin embargo, dentro de cada apariencia se puede esconder turbulentos secretos deseosos de salir a la luz. He ahí, por lo tanto, la creación de un tema tétrico y de suspense que a veces llega casi a la parodia, en una inteligente decisión del músico para dejar bien claras las reglas del juego: a pesar de todo, no dejamos de asistir a una comedia. En "Overture" es donde podemos escuchar en todo su esplendor el famoso tema de suspense. Aunque Herrmann recurrirá a otro tema de suspense más funcional en otros pasajes del "score", es éste el tema tétrico (y, a pesar de ello, no exento de macabra ironía) que confecciona buena parte de los cortes de esta banda sonora. Pues, como es habitual en Herrmann, el compositor aprovecha pasajes muy concretos del tema principal para modificarlos una y otra vez y, de esta forma, crear piezas que están íntimamente unidas a la esencia del "score", consiguiendo una pasmosa sensación de unidad temática y musical. El tema se abre con unas poderosas trompetas que dan paso a un desfile de instrumentos de metal que dotan de comicidad a la pieza mientras unos violines y un arpa impregnan de misterio una composición de estructura circular, pues concluye con los sonidos de trompeta del inicio, en clara alusión a la propia estructura del filme, donde todas los acontecimientos estrambóticos que viven los personajes principales no alteran en absoluto su más bien mediocre existencia. Asimismo, a lo largo de la banda sonora podemos asistir a variaciones de esta pieza en "The Murder", con un ritmo más sosegado y misterioso, "The Body", "The Sketch" o en "Finale". No obstante, como hemos mencionado con anterioridad, el tema de suspense se ve reforzado por un tema más secundario y funcional, puede que no tan brillante, pero perfectamente trabajado, pues se basa en el uso obsesivo de unas notas que provocan sensación de desasosiego en el espectador. La primera vez que escuchamos este tema es en "The Tramp", aunque luego lo percibiremos con diversas variaciones en otros cortes como "Cortege" o "The Solution". El encanto de este tema reside en la creación de una sucesión de notas armónica que pretenden simular una espiral (figura imprescindible para poder entender el cine Hitchcock y la música de Herrmann en su etapa de colaboración con el director británico), en clara alusión a los misterios y malentendidos que abundan en el filme y a las rocambolescas soluciones de los protagonistas. El tema idílico y sosegado de la banda sonora se basa en unos melancólicos clarinetes que hacen referencia al otoño, estación en la que transcurre el filme y, también, en la tranquila y apacible (más bien aburrida) existencia del pueblo en el que suceden los hechos. El primer tema melódico central suena en su máximo esplendor en "The Captain". La pieza hace alusión a un cazador bonachón entrado en años, máximo sospechoso del asesinato de Harry. Hombre sencillo y poco dado a las extravagancias, el Capitán no deja de ser el típico hombre acusado de un delito que no ha cometido (un tema muy caro al tío Hitch), aunque en esta ocasión llevado hasta la parodia. Sin embargo, si el tema de este personaje acaba por convertirse en una pieza angular de toda la obra musical es porque el Capitán es una representación concreta de la esencia abstracta del pueblo: un lugar otoñal y tranquilo que parece incapaz de dar ningún tipo de sorpresa. Es por ello que Herrmann opta por que esta pieza envuelva los momentos íntimos del filme a la vez que acompaña a los maravillosos paisajes que hacen acto de presencia en la película. Es un tema con un sinfín de variaciones. Entre las más destacables: "Autumn", "Autumn Afternoon", "The Burial" o "The Country Road". Por último nos queda un tema romántico que posee una gran belleza y que ayuda a definir la relación amorosa que comienza a forjarse entre la pareja joven del filme (John Forsythe y Shirley MacLaine) y la pareja veterana y más ingenua (Edmund Gwenn y Mildred Dunnock), sirviendo de contrapunto al tema otoñal que prevalece en el filme. En esta ocasión, predominan también los clarinetes. Podemos oír este tema en "Tea Time", "Homebodies", "Confession" o "The Cup". Asimismo, el uso de un divertido vals sirve como singular pieza cómica que acompaña a las involuntarias acciones macabras de los protagonistas, como se puede apreciar en "Waltz Macabre" y "Waltz Reprise". "The Trouble with Harry" es el perfecto ejemplo de que la sencillez conlleva un enorme grado de complejidad. Intensa, paródica, romántica, tétrica y, sobre todo, excelente, es difícil imaginar un mejor comienzo para la colaboración entre dos genios como Hitchcock y Herrmann. Con semejante partitura, nuestro músico dejaba constancia de su talento y avisaba de algo que sólo un año después quedó muy claro con "The Wrong Man": que Herrmann era un auténtico genio y el único alter ego musical que tuvo el director de "Vértigo" (una de las mejores bandas sonoras de la historia, dicho así, de paso). Lo
mejor: Su macabro sentido del humor, conseguido a partir de sutiles cambios de ritmo e intensidad, sin jamás caer en tópicos. Miguel García (18)
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