|
BSO:
Reseña
|
||||
![]() |
VISIONS
OF EIGHT (Henry Mancini) |
|||
|
Visions of Eight (1973) es una banda sonora que irrumpe en la vida de su compositor cuando éste ya era un reputado y archiconocido músico, cuyas partituras se vendían como rosquillas al mismo tiempo que eran elogiadas por la crítica más sesuda. Precisamente, el compacto que nos ocupa marca el inicio de un fin, de una trayectoria intachable de Mancini que a partir de este momento caerá en un proceso de enorme profesionalidad, pero con una preocupante falta de genialidad (si exceptuamos honrosas excepciones) hasta la aparición en 1982 de una obra maestra como Victor/Victoria, inicio de la segunda pletórica carrera musical de este genio absoluto. A diferencia de otros músicos que hubieran subrayado el elemento majestuoso y épico que suponen estas legendarias competiciones deportivas, Mancini opta por ahondar en el elemento psicológico de las pruebas, evocando el sentir de los participantes, sus anhelos, ilusiones y decepciones con total maestría, sin por ello dejar de lado el aspecto más heroico del evento. De hecho, en Visions of Eight coexisten dos "leit-motives" totalmente opuestos, aunque complementarios, pues reflejan las dos caras de la misma moneda: la parte íntima de la composición y aquélla que resulta espectacular. Un alarde de genialidad, pues Mancini consigue ilustrar dos puntos de vista totalmente opuestos en el filme: la perspectiva del competidor, que se apoya en una música más intimista, y la del espectador, con temas más alegres y acelerados. El primer "leitmotiv" es el que ilustra la obertura de los Juegos Olímpicos: Salute to the Olympians. Es una pieza muy rítmica, con un uso extraordinario de la percusión y de las trompetas, sellos inconfundibles de su inefable compositor. Recuerda poderosamente a piezas dinámicas y casi humorísticas que Mancini creó con indescriptible elegancia en obras como Breakfast at Tiffany´s o The Pink Panther, aunque en esta ocasión los sonidos son mucho más contundentes, acordes con el eufórico momento que el filme muestra. Extraordinario en su composición, Salute to the Olympians consigue en poco más de un minuto evocar el espíritu festivo y desenfadado de los Juegos Olímpicos, amén de impregnar de jovialidad a un evento tan antiguo. Este tema tiene una variación en Salute to the Olympians (Finale) que es, si cabe, aún más perfecto que su pieza original. En esta ocasión, el inconfundible sello Mancini, siempre con la percusión y las trompetas como instrumentos clave, se ve acompañado por una orquesta sinfónica que añade solemnidad al final del documental y al evento filmado. Con un envidiable uso de clarinetes y otros elementos de metal, el tema utiliza un sistema "in crescendo" para acabar en una poderosa y vibrante fanfarria que cierra la película y también el círculo de encontradas emociones que se dan la mano en este logrado documental. Como contrapunto, nuestro compositor crea Ludmilla´s Theme, segundo "leit-motiv" de la composición y una de las más bellas y sentidas partituras de Mancini. El tema se inicia con un nostálgico piano que expulsa unas sencillas notas. Progresivamente, y gracias a la incorporación de unos violines, el tema va adquiriendo un tono más romántico y grandioso hasta desembocar en una melodía muy emotiva y grandilocuente. Sin embargo, Mancini opta al final de la pieza por eliminar los instrumentos de cuerda y dotar de protagonismo, una vez más, al melancólico piano. Esta opción es muy lógica: Ludmilla´s Theme es una pieza que ilustra el amor de los gimnastas por el deporte, pero es un amor afligido porque en muchas ocasiones jamás se consigue lograr el objetivo que se desea. Esta visión agridulce de la competición que tienen los deportistas se contrapone a la perspectiva grandilocuente que afecta a los espectadores y que se ilustra en Salute to the Oympians. Ludmilla´s Theme también tiene una variación en Ludmilla´s Theme (Reprise), donde los violines adquieren al principio mayor protagonismo para luego relegar este peso melódico en un afligido piano tocado por el propio Henry Mancini (casi nada), acompañado por los mencionados violines, por otro piano, por un clarinete y por una evocadora arpa. A partir de este momento, el compacto se divide, como ya hemos comentado, en temas alegres y en otros melancólicos o pausados. En el primer grupo tenemos a Pretty Girls, pieza protagonizada por unas majestuosas trompetas, acompañadas por un órgano, un contrabajo y unos trombones; Warm Up, que se sirve de un procedimiento y de un estilo similares al corte anteriormente mencionado para ilustrar los momentos de preparación de los atletas antes de la competición a partir de un tema muy humorístico y desenfadado; The Race, un desenfrenado tema donde unos violines, unas trompetas y un xilófono se dan continuamente la réplica en una estructura de constantes cambios de ritmo que evocan los adelantamientos y los cambios de posición que se producen en las carreras de atletismo; y Hurdles and Girdles, humorística pieza basada en esos sonidos tan característicos de Mancini que aparecen de una manera u otra en esta banda sonora y que acompañan con una fanfarria alocada los momentos más curiosos y simpáticos del documental. El segundo grupo está formado por algunas de las piezas más extraordinarias del "score". Spaced Out es un derroche de inventiva y de experimentalismo a partir de la música electrónica: Mancini se aprovecha de órganos y de sonidos atonales para evocar la lucha del hombre por mantener el equilibrio y no sucumbir a la gravedad; Soft Flight consigue gracias a una sencilla guitarra acústica reflejar la paz interior del deportista en un momento de máxima concentración en una situación aérea; y Theme for the Losers, el tema más afligido, consigue ilustrar gracias a unas flautas, unos violines y un órgano la decepción y la melancolía de los perdedores después de luchar ferozmente por una victoria que se les escapa de las manos. Alejado tanto del primer grupo y del segundo, sirviendo como puente de ambos, tenemos Olympic Village, elegante composición que recuerda poderosamente a las inconfundibles piezas que Mancini creó para acompañar los andares y expresiones de la inolvidable Audrey Hepburn. Unos trombones sirven como preludio a una melodía jovial aunque muy sutil que describe perfectamente la ciudad de Munich gracias a violines, xilófonos, pianos, contrabajos y un estilo "boogie-boogie" realmente elocuente. Visions of Eight
supuso para muchos el último canto de cisne de un músico
que revolucionó el campo de las bandas sonoras. Afortunadamente,
el tiempo dejó las cosas en su sitio y demostró que Henry
Mancini no perdió su genialidad, sino que ésta se estaba
transformando para dar pie a un estilo que aunque seguía arrastrando
ecos de su primera etapa se presentó como algo muy innovador.
Y he aquí por qué Visions of Eight es una banda
sonora tan importante, porque resume en buena medida la primera e inolvidable
etapa creativa (segunda, si tenemos en cuenta sus trabajos anteriores
a Touch of Evil) de este mago de las ilusiones. Prodigiosa. Lo
mejor: A pesar de que es un compacto dividido claramente
en temas alegres y afligidos, jamás se tiene la sensación
de que estamos ante dos obras distintas, pues el "sello Mancini"
sirve como elemento unificador. Miguel García.
|
||||
|
|
|
|||