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Las dos películas anteriores de Neil Marshall, Dog Soldiers y The Descent, mostraban a un realizador capaz de pasar de un vacuo ejercicio de estilo con tintes de gore, a uno de los films de terror psicológico más impactantes de la década. Con la huella dejada por su segunda producción, y elevado a la categoría de director de culto, la curiosidad y expectativas acerca de lo que Marshall abordaría a continuación eran más que esperables. Lo que no lo era tanto es que Doomsday resultara la mediocre cinta que finalmente ha sido.
Aunque no lo puedo afirmar a ciencia cierta, más que nada porque no me se de memoria las doscientas veintiocho reseñas que preceden a esta que están leyendo, estoy casi seguro de haber comentado alguna vez la catedral importancia del guión a la hora de juzgar si una película aprueba o fracasa estrepitosamente. Sin un buen libreto detrás, una cinta ya puede contar con un Spielberg tras las cámaras, el mejor cásting que cada uno quiera imaginar, los mejores equipos de producción y la más feroz campaña de publicidad jamás ideada; nunca podrá alcanzar lo que otra producción en igualdad de condiciones conseguiría con una historia sólida. Por perogrullada que pueda parecer, cada día es más difícil encontrar una cinta, ya sea de alto o bajo presupuesto, que consiga enganchar con un desarrollo perfectamente estructurado, unos personajes bien definidos y un desenlance que sea lógico con todo lo expuesto. Es precisamente la carencia de un guión bien pensado lo que termina provocando que Doomsday sea una producción tan irregular. Lo curioso es que lejos de carecer de ideas, es la superabundancia de las mismas (extraídas de una variopinta selección de géneros) la que determina el errático devenir de la acción. Así, en las casi dos horas de metraje, Marshall se dedica a fusilar, por este orden, a las siguientes cintas: 28 Días Después (de la que toma la idea de un virus que amenaza a la población británica), 1997: Rescate en Nueva York (el internamiento en una zona sin estructura social ni gobierno), Timeline, sí, han leído bien, ¡Timeline! (de la que extrae el concepto de sociedad medieval invadida por el mundo contemporáneo) y, por último, Mad Max (con esa alocada persecución final). Tal mezcolanza juega en contra del ritmo de la historia, que se estructura en demasiados actos (tantos como "homenajes") para poder pretender que la atención del espectador se mantenga firme ante tal baile de situaciones. El contar con un plantel de actores de poco empaque (al margen de Hoskins y McDowell) no ayuda en absoluto a que la cinta cobre un ápice de interés más allá de poder contemplar la indómita belleza de Rhona Mitra, cuyas dotes interpretativas, todo hay que decirlo, no dan para mucho. Por si no ha quedado claro, Doomsday resulta una decepción bastante grande para todos aquellos que veíamos en Neil Marshall un cineasta con grandes posibilidades. Esperemos que su próxima cinta (cuyo guión parece una mezcla entre la saga de Bourne y Death Proof) lo devuelva por los derroteros de The Descent aunque, sinceramente, lo vemos muy complicado. Lo mejor: El primer acto, cuando todavía no se aprecia... Sergio Benítez (229) |
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