![]() |
|
|
|
||||||||||||||||
|
||||||||||||||||
|
Más de cuatrocientos cuarenta millones de dólares de recaudación en tan sólo veinticinco días. Tercera película más taquillera de la historia. Durante tres semanas, la película mejor votada en la historia de la IMDb (por encima de Obras Maestras como Cadena Perpetua o El Padrino). Ha batido todos los records de recaudación que se ha ido encontrando por el camino (primer fin de semana, película más rápida en superar los cuatrocientos millones de dólares, etc...). Ha provocado colas como hace lustros que no se veían en un cine (en EEUU hablan de filas que daban vueltas a las manzanas). Se habla de ella como firme candidata a llevarse más de un premio en los próximos Oscar... ¿quién iba a imaginar hace unos pocos años que todo este revuelo se podría montar por una película de superhéroes?. No se engañen, El Caballero Oscuro es MUCHO más que eso.
Arrancando justo donde se quedara Batman Begins (con nuestro héroe deteniendo al Espantapájaros de una vez por todas, suponemos), El Caballero Oscuro muestra muy pronto sus cartas. Una mano que nada tiene que ver con lo relatado en la primera parte, y que demuestra, más allá de cualquier duda razonable, que Nolan y Goyer saben perfectamente lo que se traen entre manos. Si la primera película nos mostraba los orígenes y motivos por los que una persona corriente se embutiría un traje, una capa y comenzaría una cruzada personal contra el crimen; en esta segunda los guionistas se encargan de definir las acciones de dicho héroe, y los límites que está dispuesto a cruzar para defender su causa. Nolan y Goyer dibujan a un Batman tridimensional, un héroe que esconde un hombre con las dudas propias de alguien que sigue aceptando su gran responsabilidad con reticencias y que ve en el agresivo fiscal del distrito a la persona que realmente necesita Gotham. Así, si Wayne y su alter ego son el Caballero Oscuro, Harvey Dent es, como se apresuran a tildarlo, el Caballero Blanco de la ciudad. De moral elevada y con el claro objetivo de acabar con el crimen en Gotham, Dent no se para ante nada para lograr lo que quiere. Y si Wayne ve en Dent la salvación de la ciudad, Dent ve en Batman el símbolo que debería guiar a la misma hacía un futuro sin corrupción ni miedo. Ambos son, en cierto sentido, dos caras de una misma moneda; ambos saben que líneas no hay que cruzar, la diferencia entre los dos estriba en que uno de ellos si está dispuesto a cruzarlas para salvar a sus conciudadanos. En medio de la rectitud que ambos representan aparecen de repente el caos y la anarquía encarnados en la figura de uno de los mejores villanos que haya dado el séptimo arte: el Joker. Más allá de Harvey Dent, y mucho más allá de Batman, si hay un auténtico protagonista de El Caballero Oscuro, ese es el Joker. Escrito con maestría por Nolan y Goyer, el mítico villano se aleja de las psicóticas payasadas de Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton, para presentarse como un personaje imprevisible, una fuerza de la naturaleza imparable como ella y que, como él mismo dice, "no tiene nada planeado, se deja llevar por el momento". De esta forma, y durante las dos horas y media en las que se prolonga la cinta, los guionistas tienen la oportunidad de describir a un maníaco repulsivo a la vez que irresistible, un Joker que en su "locura" emite argumentos de gran coherencia llegando a convencer al respetable de que su posición no es tan execrable. La sinergia que se crea entre los tres personajes es tan sólida como la que Nolan y Goyer van dibujando con el resto de protagonistas de la cinta, no quedándose ninguno de los principales sin alguna pincelada que profundice aún más en sus motivaciones. Tanto Alfred, como Gordon, Lucius Fox o Rachel (quizás el personaje más flojo de la cinta), que habían sido perfilados con precisión en la primera parte, siguen siendo tallados con maestría en esta segunda, destacando sobre todo la solidez con la que los guionistas describen a un Alfred que trasciende de nuevo las funciones de mayordomo para desvelarse como todo un mentor de su protegido.
Detrás de todos ellos, dándoles cara y físico, y dotándolos de corporeidad encontramos a un cásting sólido y efectivo que en un caso concreto roza la perfección interpretativa. Los que repiten de Batman Begins se calzan sus viejos zapatos sin estridencias, convenciendo con entusiasmo con unos personajes que les van como anillo al dedo. Caine, Oldman y Freeman recrean sus roles con determinación sincera, aportando cada uno a sus personajes una gigantesca humanidad que demuestra, una vez más, porqué los tres están donde están. Bale, que pierde protagonismo con respecto a la primera parte, sigue conformándose como la mejor opción para aportar el verismo necesario a la dualidad Wayne / Batman, siendo en la segunda de sus personalidades y con esa modulada voz donde el actor (aún enmascarado) consigue transmitir mayor fuerza. Es, no obstante, en las nuevas incorporaciones donde la cinta comienza a adquirir tintes de grandeza. Pasando por alto la anecdótica sustitución de la insulsa Katie Holmes por Maggie Gyllenhaal en el poco relevante personaje de Rachel, son las adiciones de Aaron Eckhart y Heath Ledger a las que vamos a atender con especial hincapié. Tras ver su brillante actuación como abogado sin escrúpulos en Gracias por Fumar era evidente que la elección de Eckhart para interpretar al vehemente Harvey Dent no podía ser más acertada. En la piel de Dent, Eckhart da todo lo que tiene como intérprete, haciendo que su personaje inunde la pantalla en cada aparición, ya sea como el idealista que cree que la justicia podrá acabar con el crimen en Gotham, o como el hombre desfigurado cuya cordura pende de un hilo. En ambas facetas Eckhart nos hace olvidar, y de qué manera, los histrionismos y amaneramientos de la más que olvidable interpretación que del personaje hacía Tommy Lee Jones en Batman Forever. Pero sin duda alguna el rey de la función en El Caballero Oscuro es Heath Ledger. Teniendo en cuenta que su prematura muerte está elevando esta última interpretación del joven actor a comentarios que apuntan a un Oscar póstumo, parece de recibo afirmar que tales alabanzas son totalmente justificadas y no están magnificadas por la tragedia que envolvió al intérprete. Superando por mucho todo lo que ha hecho hasta ahora, Ledger da con su encarnación del Joker toda una lección magistral, metiéndose en el anárquico personaje como sólo un puñado de actores ha sabido hacer a lo largo de la historia con otros personajes. El Joker de Ledger traslada a la perfección, en su apático y cambiante rostro, lo que el guión le va exigiendo mostrando el actor con su mirada y sus tics el hervidero que es la cabeza del personaje, un villano carismático como pocos que se come la pantalla cada vez que aparece en ella.
Detrás de las cámaras, la labor de Chris Nolan es, a falta de otro calificativo, impecable. Desde ese vertiginoso arranque en las cimas de Gotham, seguido por el ejemplar atraco al banco, hasta la secuencia final con Dent, Gordon y Batman; Nolan planifica milimétricamente una producción a la que sus dos horas y media no pesan en absoluto. Conjugando a la perfección las dos claras vertientes del guión (acción y escenas de desarrollo de personajes), el director de Memento nos ofrece en las primeras todo un recital de saber cinematográfico plasmado, entre otras, en tres set-pieces inolvidables: la incursión en el rascacielos de Hong-Kong, la extracción de Harvey Dent de la cárcel y, por supuesto, la fuga del Joker, una escena antológica que hace gala de un montaje prodigioso. Nolan además introduce ciertos cambios que terminan por alejar a su Gotham, no ya de la oscura y gótica versión que Burton imaginara hace ya casi veinte años, sino de ciertos apuntes muy ligados a las arquitecturas de las viñetas. La Gotham del Caballero Oscuro es mostrada casi siempre de día como una ciudad claramente tecnificada y de arquitectura en vertical, como si a través de sus edificios pudiera huir de la pervertida sociedad que se mueve por sus calles. Los barrios marginales, que si aparecían en Batman Begins, dan paso a una acción que se desarrolla de forma mayoritaria en la urbe contemporánea, abandonada sólo para mostrar los ambientes en los que se mueven los criminales, siempre en interiores. Manteniendo en cierto modo el mismo espíritu del que ya hicieran gala en la primera entrega, Hans Zimmer y James Newton Howard, los artífices de la partitura, vuelven a repartir tareas, recayendo una vez más el mayor peso de la composición en el alemán. La partitura de Zimmer y Newton-Howard (cuya escucha aislada es compleja) encuentra en el caótico tema asociado al Joker la perfecta definición de la determinación de ambos compositores por ajustarse al máximo a la visión de Nolan. Decía al principio que El Caballero Oscuro es MUCHO más que cifras, récords batidos y que una simple película de "cómics"; es un análisis del caos como parte de nuestras vidas y una disección genial de la psique de un perturbado en contraposición a la de un héroe al borde del abismo. Es precisamente en esta confrontación, y en las conclusiones que obtenemos del brillante cierre de la cinta donde El Caballero Oscuro se separa de otras "millonarias" adaptaciones del tebeo como Iron Man para ofrecernos un producto adulto que dignifica a este joven género situándolo, por fin, en el lugar que se merece. Lo mejor: La dirección de Chris Nolan y, por supuesto, Heath Ledger. Sergio Benítez (231) |
||||||||||||||||