|
CINE:
Reseña
|
|||
|
EL
MAQUINISTA
(8.5/10) |
|||
|
Lo mejor a la hora de ver El Maquinista es saber cuanto menos, mejor. Sin embargo, intentaré dar algunas pinceladas de su argumento para poner al lector en situación. Trevor Raznik (Bale) es un empleado de una compañía industrial que trabaja manejando una máquina (de ahí el título) en una fábrica. La vida de Trevor podría parecer aburrida y anodina (y de hecho lo es), pero tiene una peculiaridad: hace un año que Trevor no consigue dormir. Esta deficiencia en el sueño le ha hecho perder peso de manera espectacular, dañando su imagen personal frente a sus compañeros de trabajo y jefes. Un día ocurre un accidente en la fábrica en el que Trevor se ve implicado por culpa de un compañero nuevo llamado Iván y, a partir de ahí, comienzan a sucederle cosas extrañas que lo llevan a creer que alguien ha tramado una conspiración contra él. Aparte del "tour de force" realizado por Bale para "lucir" en pantalla como lo hace, El Maquinista ofrece muchas más cosas como para que el espectador se quede sólo con eso una vez vista la película, por muy efectiva e impresionante que sea la apariencia lograda por Bale. Y es que El Maquinista es una de película en la que hay que dejarse atrapar y llevar por la narrativa del director, el inquietante y ambiguo guión, la interpretaciones de los extraños personajes que pueblan el film (en especial por la de su principal protagonista) y la malsana atmósfera conseguida en conjunto por el equipo técnico, desde la fotografía hasta la banda sonora, para disfrutar plenamente de ella. Y lo cierto es que esto es bastante fácil. El cuento que Brad Anderson y Scott Kosar, su guionista, nos narran en El Maquinista tiene claras influencias, tal y como reza la sentencia publicitaria de la revista Variety que puede verse en su póster, de tres grandes directores del cine de todos los tiempos: el genial e incomparable Alfred Hitchcock, el peculiar y paranoico David Lynch y el irregular Roman Polanski (quizás del que menos "bebe" el film de Anderson). Y es que El Maquinista tiene algunos de los elementos predilectos de estos creadores, sobre todo de los dos primeros, como el suspense psicológico, la realidad transformada y la estimulación del espectador, lo que conlleva, por tanto, la necesidad de su complicidad para que la película funcione al 100%. El Maquinista es un thriller con una alta carga psicológica en el que las pistas para resolver el enigma del film van llevando al protagonista y al espectador de un camino a otro, jugando con ambos y "enseñándoles todo sin enseñarles nada" hasta un final en el que todas las piezas encajan mejor de lo que nunca pudimos imaginar. Ésta es, sin duda, una de esas películas en las que un segundo visionado nos descubrirá muchos detalles que nos pasaron desapercibidos la primera vez; aunque, posiblemente, también le haga perder algo de su encanto y, sobre todo, poder de sugestión sobre el espectador. Brad Anderson, que ya despuntó con sus anteriores films, sobre todo el estremecedor y altamente inquietante Sesión 9, teje una malla alrededor del protagonista que poco a poco se va cerrando, aprisionándolo cada vez más y agobiando tanto a éste como al espectador que, aunque cree saber qué está pasando (Anderson y Kosar dan muchas pistas para entender qué ocurre, algunas de ellas bastante obvias), desconoce por completo el verdadero y genial misterio de la película. No son las sucesivas sorpresas que pueda depararnos el argumento (ya que el espectador asiste paciente durante casi todo el metraje a las paranoicas ideas y situaciones que rodean a Trevor y casi puede estar seguro de qué es lo que le ocurre a éste), sino toda la simbología oculta en la película y, sobre todo, la forma de contárnoslo lo que hace de El Maquinista la película especial y el excelente thriller que es. La producción española del film, a cargo de Julio Fernández, no ha podido acertar más al confiar en un proyecto tan arriesgado como éste del que sin duda han salido victoriosos todos, el que más, el espectador, que es el que realmente puede disfrutar plenamente de esta obra. Tras tentar a varias productoras en distintos países, Anderson encontró en España y, concretamente, en la figura de Julio Fernández al productor ideal: no le exigía casi nada, le permitía mantener el argumento intacto y le proporcionaba libertad creativa absoluta, poniendo además en sus manos todos los medios posibles para que pudiera realizar el film que había imaginado en su cabeza. Otra muestra más de que, en cuestiones de producción, España no es lo que solía ser y de vez en cuando es capaz de apostar por un cine distinto y estimulante, aunque tengan que venir autores y actores extranjeros para poder llevarlo a cabo. Con todo, un total y rotundo éxito. Al hablar del equipo técnico, yo destacaría dos facetas esenciales sin las cuales El Maquinista no sería capaz de causar en el espectador el efecto que logra. En primer lugar, la fotografía de Xavi Giménez, que utiliza tonos casi monocromáticos (azulados y grisáceos), sucios, tristes y deprimentes que ayudan a comprender mejor el estado de ánimo del protagonista y su particular mundo. Además, de esta forma, logra resaltar determinados detalles en los que intervienen colores más vivos (véase el coche rojo de Iván) de manera harto efectiva. El segundo punto imprescindible para El Maquinista es su redonda banda sonora. Roque Baños (para el que esto escribe el mejor compositor español de la actualidad) crea un sonido muy al estilo de Bernard Herrmann, como ya ha hecho en otras ocasiones, que destaca en casi todas las secuencias y ayuda sobremanera a lograr esa atmósfera malsana, inquietante y psicológica que envuelve a la película de principio a fin. Un diez para Roque. Por último, comentar que la película se rodó en Barcelona y que los escenarios elegidos por Alain Bainee también resultan cruciales (por su efecto opresivo) en el desarrollo de la historia. Todos los personajes que aparecen a lo largo de la película son individuos extraños, marginales y con problemas (físicos y psíquicos), haciendo aún más peculiar el submundo creado por los responsables del film. Entre todos ellos destaca Trevor, encarnado por un Christian Bale al que sólo se le puede aplicar un adjetivo: IMPRESIONANTE. Desde la primera vez que lo vemos en pantalla, demacrado, asustado, con esa apariencia fantasmal, Bale nos mete de lleno en su mundo y nos introduce en la película, suscitando curiosidad por saber qué trastorna el sueño y la vida de este hombre que cada vez se parece menos a una persona. Bale ha hecho un titánico (y yo añadiría que "loco") esfuerzo por afrontar este personaje de la manera más convincente posible. Cualquiera que haya seguido la carrera de esta gran actor británico, sabrá que normalmente es un hombre alto, atlético y musculoso (sólo hay que verlo en American Psycho), pero cuando uno observa lo que este hombre ha hecho con su cuerpo no puede más que estremecerse. Y es que perder 26 kilos para una persona de complexión normal es algo realmente increíble y peligroso para la salud. Bale lo ha hecho y entrará en la historia de los récords Guiness como el actor que más peso perdió para una película. Resulta realmente escalofriante verlo cuando aparece con el torso desnudo al principio del film y podemos apreciar cada uno de sus huesos y tendones con total claridad; es entonces cuando nos damos cuenta de que estamos ante algo diferente y especial y que Bale no ha perdido tanto peso por gusto. Y es que, tal y como le repiten un par de veces al principio de la cinta, "si estuvieras más delgado, no existirías". Pero no toda la actuación de Bale se queda en esta pérdida de masa corporal, ya que el actor se mete en la piel (sólo en la piel, porque músculos y grasa no hay muchos que digamos) de este personaje y nos regala una de las mejores interpretaciones del año, desgarrada, desasogante y perfecta. El resto del reparto cumple su cometido a la perfección, destacando una genial Jennifer Jason Leigh, con una interpretación realista y sentida, el enigmático y socarrón John Zarina y el siempre eficiente Michael Ironside, más comedido que de costumbre pero igualmente efectivo. Quizás sea Aitana Sánchez-Gijón la que está más floja de todo el reparto, posiblemente porque su personaje sea el más "normal" y más soso de la función e indudablemente por su mal doblaje (y es que todavía hay algunas personas que no comprenden que un buen actor no es necesariamente un buen actor de doblaje). En definitiva, El Maquinista es una estimulante película servida con pulso firme por un buen director, Anderson, y un excelente intérprete, Bale, que tratan en todo momento de contarnos una historia intrigante de la forma más efectiva y entretenida que saben y durante la cual, al igual que a su protagonista, a uno nunca le entra sueño. Lo
mejor: La dirección de Brad Anderson, la interpretación
de Christian Bale, la atmósfera del conjunto y la excepcional
banda sonora de Roque Baños. Ricardo Borrero. |
|||
|
|
EL PÚBLICO OPINA... 6.75/10 |
||