CINE: Reseña
EL PIANISTA
(8.5/10)
 


El irregular director Roman Polanski nos trae una nueva película sobre el Holocausto judío que narra la etapa en el Ghetto de Varsovia de un pianista (Adrien Brody) llamado Wladislaw Szpilman (Wladek para los amigos y familiares).

Muchas películas se han rodado sobre este tema, cada cual aportando su particular visión y mostrando una parte concreta del conflicto que se quiere desarrollar. Sin embargo, el hecho de que se haya filmado mucho y con grandes directores, no resta un ápice de originalidad a la obra de Polanski, un director capaz de lo mejor y de lo peor, pero que deja rienda suelta a su carácter complejo y difícil para crear un film con vida propia y mensaje entrelineado que puede extraerse observando los giros que da la historia. Roman Polanski compone una película donde cada detalle importa, donde ningún plano o secuencia es azaroso, y donde el propio director esconde de forma sutil y de puntillas una filosofía vital propia e impregna de un carácter personal al personaje principal que trasciende la imagen. El sello personal de Polanski, pese a que el guión esta basado en el libro autobiográfico del propio Szpilman, es profundo y hace que la película tenga la misma factura técnica y calidad que sus últimos films de esta época (se estrenó en 2002). En sus últimos films han venido participando actores más bien poco conocidos, pero de los que Polanski saca unas más que correctas actuaciones siempre, caso del actor que nos ocupa, Adrien Brody, que lleva casi toda la carga de la película, algo necesario para un film que ahonda tanto en la figura del protagonista.

Precisamente de todos estos elementos característicos y personales, de estas maneras de hacer cine, vamos a hablar a continuación, dejando el desarrollo de la historia para aquellos que quieran ver el film y descubrir esta pequeña joya llamada El Pianista, ya que así lograrán disfrutar plenamente de la película.

La acción se sitúa en 1939, en Varsovia. Polanski ya sabe como impresionar e inicia su andadura con unas imágenes en blanco y negro de los bombardeos que sufre Varsovia, y suena de fondo la música de Wladek, contraponiendo la belleza de la aséptica y elegante pieza que interpreta nuestro pianista con la violencia de los bombardeos. La cinta va adquiriendo un ritmo dinámico y sobrio para contarnos las evoluciones de los personajes, destacando así tres etapas en la película que se pueden separar de forma clara:

1ª Etapa: Invasión

Se centra en la entrada de los nazis en Varsovia, pero siempre bajo la perspectiva de la familia Szpilman. Polanski introduce pequeñas pinceladas que nos aclaran ante que personaje principal estamos a través de contraponerlo con sus familiares. Apreciamos así sus diferencias, sus virtudes y defectos. También comprendemos el rol de cada uno de los miembros de la familia dentro de su sociedad, y sus diferentes caracteres. También veremos cuáles son los problemas a los que tienen que enfrentarse: los problemas económicos, las restricciones de las libertades individuales, el desprecio de los propios polacos no judíos... Es una etapa más breve que las otras dos, pero sirve de mecanismo, de resorte, para poner en marcha la historia y para hacernos ver cual va a ser el vehículo narrativo: el subjetivismo.

2ª Etapa: El Ghetto

La historia se va delimitando. La familia es trasladada al Ghetto y allí empieza la verdadera historia. Polanski aprovecha al mostrarnos el Ghetto otros aspectos de la "hospitalidad" y la "eficiente gestión" nazi. Constantes humillaciones a los judíos (la secuencia "ponte a bailar, vamos, judío"), la crueldad intolerable de los nazis, y las penurias que genera el cambio de vida brusco. Escenas fuertes tampoco faltan en la película: el anciano en silla de ruedas que es arrojado por su balcón sólo porque es judío de forma cruel y el posterior atropello y el sanguinario tiroteo del resto de la familia, o la secuencia del niño que es golpeado hasta la muerte al intentar cruzar el muro del Ghetto, hablan por sí sólas. Polanski no profundiza en este tipo de secuencias y nos las cuenta siempre como una circunstancia que viven los familiares de Wladek y él mismo. Mientras estas secuencias se suceden, Wladek no hace más que observar. Poco a poco la situación va empeorando y la supervivencia es más difícil y utópica. Se pone de manifiesto una perspectiva curiosa: la inseguridad, pero en el sentido más amplio de la expresión. La lógica nazi impulsaba a sus oficiales a exterminar de forma sistemática y sin motivo a la población judía. Un acto tan sencillo de elección como "tú, tú y tú" y su posterior tiro en la cabeza es la forma de actuar de la "administración" nazi. Esto conlleva una inseguridad en la población judía tremenda, ya que no hay un modo de conducta que te asegure la supervivencia, puedes morir en cualquier momento por cualquier motivo, no sabes a que atenerte. Ello puede llevar a la locura... no sabes que has de hacer para sobrevivir, es una violencia sin sentido y sistemática, es el terror personificado... es, en definitiva, la cultura nazi. La violencia sobrepasa la mera ejecución, buscando siempre el grado máximo de crueldad y humillación, dejando los cadáveres apilados en las calles del Ghetto. Los trenes que transportan a los judíos hacia los campos de exterminio comienzan a llegar y la familia de Wladek es apartada de él. Debe huir para sobrevivir.

3ª Etapa: El Pianista

Antes habíamos comentado que Polanski establece el vehículo narrativo en el subjetivismo, viendo la historia desde el "yo" y no desde el "nosotros" o "ellos", como por ejemplo, si hacía La Lista de Schindler. La primera parte de la película es breve porque parece que Polanski quiere, de alguna forma, centrarse en su personaje, en Wladek, y dejar de concebir el Holocausto como algo que afecta a millones de personas para convertirlo en algo íntimo y particular. Si nos hemos fijado, Wladek se va quedando sólo, abandonando su entorno y su familia, perdiendo conocidos hasta que sólo queda sobrevivir. La manera pasiva en que Wladek encara los problemas pasa la "pelota" al espectador. Mientras Wladek mira indiferentemente y tan sólo contempla, es al espectador a quién le corresponde "tragarse" todas las secuencias crueles y juzgarlas, ya que del propio Wladek no nace ninguna de estas dos acciones. En esta fase de supervivencia, su vida social ha perecido y sólo le queda la "muerte en vida" que podría llevar cualquier fugitivo. Sólo puede estar en los pisos francos que le ceden los benefactores que le asisten. Parece haber una especie de "mensaje en una botella" que Polanski quiera transmitirnos, y puede ser, quizá, o así lo he interpretado yo, que en la supervivencia estamos solos y que no queda sino aislarse para sobrevivir. La acción, pues, se focaliza totalmente en Wladek, y la situación normal del comienzo se ve alterada cada vez que damos un paso más hacia este pianista. Sin duda esta última parte es la mejor de la película, ya que nos enseña cómo la única elección judía en el Ghetto era morir o morir: morir disparado o en los trenes o morir en vida, como parece haber elegido egoístamente Wladek. Sin embargo, en este último tercio, Polanski se acuerda de los alemanes y los rescata de la mejor forma posible: en la del "alemán bueno". Un nazi que ayuda a nuestro pianista. Sin embargo, otra muestra más de la focalización de Wladek es que nunca vemos qué es de este oficial "samaritano". Toda la historia se centra en él. De hecho, una secuencia confirma todo esto. Durante uno de los últimos bombardeos, no vemos qué efecto han tenido las bombas en Varsovia hasta que Wladek no sale de su escondrijo y lo contempla con sus propios ojos. Momento cumbre a destacar es el final, con un majestuoso número musical que corona las excepcionales interpretaciones de Wladek. Como nota final es correctísima, ya que en cierta manera, no es sino la música lo que le ha ayudado a sobrellevar este conflicto.

En resumen, El Pianista es un ejercicio original y profundo de reflexión al tratar un tema tan delicado como la matanza judía. Su punto de vista totalmente subjetivo ayuda a profundizar en el retrato de una víctima que no se toma su nueva situación como hemos visto que lo han hecho otros films. Es una película interesante por todos estos matices que la hacen andar con paso firme.

Especial mención a la labor musical del ya habitual colaborador de Polanski, Wojciech Kilar. Este compositor crea unas melodías que suenan muy poco a lo largo de la película, más centrada en obras clásicas a piano, pero que cuando lo hacen siempre están adecuadas. Además, ese estilo europeo que tiene está muy acorde con la película.

Lo mejor: Su subjetivismo y su calidad técnica.
Lo peor: Simplemente que es un tema recurrente, pero su punto de vista nuevo solventa este defecto.
El momento: La secuencia del bote de pepinillos.

Carlos Mariscal.

 


5-IX-04
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