CINE: Reseña
LA JOVEN DEL AGUA
             
 
 


Título original: Lady in the Water

Nacionalidad: U.S.A

Año: 2006

Director: M. Night Shyamalan

Actores: Paul Giamatti, Bryce Dallas Howard, M. Night Shyamalan, Bob Balaban

Duración: 127 minutos

Sinopsis: Un tímido encargado de mantenimiento de un edificio de apartamentos se encontrará inmerso en un cuento de hadas cuando una ninfa de mar aparezca un buen día en la piscina del bloque.


COMENTARIO

Aunque todavía no haya terminado el 2006, y pueda parecer un poco pronto para sacar conclusiones acerca de lo que el año ha dado de si; sí que podemos aventurar que este año ha sido en parte el año en el que se rompieron ciertas constantes cinematográficas. Aunque probablemente haya más, pondré como ejemplo las tres que más me han dolido. La primera fue Munich, a priori una cinta que recuperaba al Spielberg de La Lista de Schindler, pero que sobre la pantalla se quedaba en un quiero y no puedo. La segunda, Coches, el primer bache serio que la Pixar ha sufrido en 10 años de Obras Maestras. Pero la que más me ha “afectado” ha sido sin duda alguna esta Joven del Agua. Tras cuatro cintas en las que Shyamalan daba auténticas lecciones de buen hacer cinematográfico a todos los niveles, La Joven del Agua supone un serio traspié en la aparentemente imparable ascensión del director de origen hindú.

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La Joven del Agua es a todas luces una película perfecta en todas y cada una de sus facetas…en todas y cada una menos en el guión. Aunque Shyamalan nunca se ha caracterizado por unos guiones soberbios, y siempre ha adolecido de una parquedad notable a la hora de escribir diálogos consistentes, la fuerza de las imágenes combinada con las geniales ideas de partida en las que basaban sus cuatro producciones anteriores daba como resultado sendas cintas casi perfectas.

Vale, lo admito, El Sexto Sentido era bastante tramposa, pero es una de las pocas cintas de la última década que ha conseguido darme algo de miedo. Si, los diálogos de El Protegido eran para cortarse las venas a pellizcos, y si, algunas escenas (en especial la del desayuno) son de vergüenza ajena, pero el resto de la cinta es soberbio. Correcto, el guión de Señales no daba para más de media hora, pero vistos los resultados, ¿a alguien le importa?. Y también tenéis razón, El Bosque se veía venir a la legua, hecho más que perdonable por los muchos intensos momentos que atesora. ¿Cuál es entonces el problema de La Joven del Agua que la diferencia de estas cuatro cintas?. Es una pregunta que intentaré contestar en los siguientes párrafos.

Tras muchos años viendo cine, y muchas, muchas películas visionadas, hay una sensación a la que siempre hago caso al comenzar una película y que casi nunca falla. Es un “pellizco” en el estómago que me indica que la película en cuestión me va a gustar o no. Aunque parezca increíble si este “pellizco” hace acto de presencia rara vez la cinta no me gusta. Lo curioso del asunto es que en la cinta que nos ocupa, esa extraña sensación apareció nada más comenzar el prometedor prólogo que abre la producción: la historia de las ninfas marinas y de cómo el hombre se separó de sus consejos. Por desgracia, sólo hizo falta que el prólogo tocara a su fin, para que el “pellizco” hiciera lo propio y desapareciera. En su lugar una sensación de extrañeza se colaba en mi cabeza.

Si en El Bosque ya se podía intuir que Shyamalan había desarrollado la historia de tal manera que casi iba echando mano de los recursos que le hacían falta cuando la historia se quedaba un tanto empantanada; en el caso de La Joven del Agua este recurso es usado de forma tan alarmante que termina por arruinar la función, y este hecho es el responsable directo de la desaparición del “pellizco”. Sin querer entrar en muchos detalles para no destripar a nadie las (pocas) sorpresas que el guión guarda al espectador, si puedo aventurar una suerte de resumen sin spoilers que deje claro a que me estoy refiriendo: tras dejar diáfano en el prólogo que el hombre se separó de las ninfas y de los consejos que estas daban, relegándolas a una pura leyenda; Shyamalan se saca de la manga a un par de personajes que conocen todos y cada uno de los detalles que rodean a estos seres fantásticos mejor que si fueran uno de ellos. A estos personajes (madre e hija) recurrirá el protagonista (en ocasiones con métodos que rayan lo absurdo) para poder avanzar en su misión de proteger a Cuento, la ninfa que ha quedado atrapada en nuestro mundo. Este recurso deja en entredicho la “credibilidad” de un guión que se mueve por terrenos demasiado crípticos. La trama en torno al cuento se torna tan compleja conforme avanza la acción que llega un momento que no hay quien se la crea.

A ello hay que sumarle un detalle que juega en contra de la cinta y que a título personal era lo que más me gustaba de las anteriores producciones de Shyamalan. Desde pequeño he sido un amante empedernido de la mítica serie de Rod Serling En Los Límites de la Realidad (de hecho me bebía cualquier cosa que se le pareciera, como Cuentos Asombrosos, el particular homenaje de Spielberg a la citada serie). El que las cintas de Shyamalan guardaran una estructura parecida a aquella de la que hacía gala dicha serie fue una baza con la que el director me ganó en El Sexto Sentido, reconquistándome una y otra vez con sus siguientes cintas. La Joven del Agua carece de ese matiz; es más, tocando el final de la cinta, es tal la nadería que se nos narra, que el ansia por que aparezca ese giro final que lo cambie todo llega a ser tan intensa que termina convirtiéndose en frustración cuando comienzan los créditos finales.

Pero, como decía al principio, la cinta es perfecta en todo lo demás. De la dirección de Shyamalan poco habría que concretar que se salga de este apelativo: aunque abusa mucho de los desenfocados forzados, Shyamalan es un director como la copa de un pino, y sabe sacar partido de unos escenarios y unas situaciones harto ridículas (por su tamaño en el primer caso, por su carácter risible en el segundo). A su buen hacer tras las cámaras debemos los mejores momentos de la cinta (que los tiene): el montaje paralelo en dos tiempos diferentes en el que Cleveland va averiguando los personajes del edificio que tienen que ayudarle; y sobre todo la conversación a tres bandas en el piso de los hindúes con Cuento en la ducha. Impresionante.

Los actores bordan sus papeles, y punto. Paul Giamatti necesita poco más de dos minutos en pantalla para meterse en el bolsillo al espectador; su tímida pero convincente interpretación del encargado de mantenimiento de un edificio de apartamentos con un turbulento pasado es, sin duda alguna, lo mejor de la función. Aunque de Bryce Dallas Howard se puede decir lo mismo, que está estupenda en su papel, es de tan poco calado como actriz la labor que desarrolla que casi pasa desapercibida. Shyamalan no se conforma con otorgarse un pequeño papel como en anteriores producciones, no, en La Joven del Agua, el director es uno de los protagonistas con más peso específico en la historia, y si bien cumple con la tarea que se auto-encomienda, se nota que lo suyo es estar al otro lado de la lente. Junto con Giamatti, lo mejor de la función es Bob Balaban. El veterano actor encarna a un crítico de cine pagado de si mismo para el que Shyamalan reserva los mejores diálogos; diálogos que el director dota además de un carácter crítico metalingüístico nada velado.

Presencia constante en las anteriores producciones del director, y lo mejor de todas y cada una de ellas, ha sido la música de James Newton Howard. En La Joven del Agua (de la que podeís leer una reseña más completa AQUI) el compositor californiano repite labor y protagonismo, que queda reforzado aún más teniendo en cuenta la mediocridad de la historia. Para la cinta, Newton Howard tira de sonidos que le son muy familiares alternando entre los temas de gran fuerza con cortes muy intimistas y otros de marcado carácter ambiental que le van a la cinta como anillo al dedo. Incluso cuando las imágenes hace tiempo que han dejado de hablarnos al corazón, la partitura de Howard continúa haciéndolo; siendo el mejor ejemplo de ello la música que acompaña al anticlimático clímax de la cinta.

Aunque me reviente el hacerlo (y lo hace, y mucho), no puedo dejar de dar la razón a todos aquellos críticos norteamericanos que se han cebado a gusto poniendo verde a La Joven del Agua. Pero no nos dejemos llevar por el camino fácil, un día tonto lo tiene cualquiera y estoy convencido de que en un par de años (que es cuando supongo volveremos a ver una producción suya en la gran pantalla) tendremos de vuelta al Shyamalan de siempre…y aquí estaré yo para celebrarlo.

Lo mejor: Paul Giamatti y la música de James Newton Howard.
Lo peor: Lo, a ratos anodino a ratos absurdo del guión.
El momento: La conversación en el piso de los hermanos hindúes.

Sergio Benítez.

 


09-VIII--06
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