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La cara de lelo. El zapatófono. La Agente 99. La cabina de teléfono. Y las puertas, sobre todo las muchas puertas para entrar a Control...esas (y algunas que otras más) eran las señas de identidad de una de las series que con más cariño recordará cualquier treintañero que se criara delante del televisor. Junto a Mazinger, Comando G, V, McGuiver y El Equipo A, Superagente 86 llenaba las tardes de nuestra infancia con risas y todo un arsenal de imaginación que en ningún momento ocultaba su intención de emular la saga de otro conocido espía. Durante cinco temporadas (que en España se emitieron varias veces) Don Adams, Barbara Feldon y Edward Platt consiguieron meterse en el bolsillo, bajo la tutela de Mel Brooks, a toda una generación de espectadores. Era lógico pensar pues, que el cine, ávido de nuevas ideas (nótese por favor el ácido tono irónico de la afirmación), no tardaría en poner sus miras en una posible adaptación de las desventuras de Maxwell Smart.
Para ello, las cuatro productoras detrás de la concreción del proyecto, tiran de sabias elecciones de cásting y encomiendan la realización a un correcto Peter Segal, curtido en la alocada comedia americana con títulos de tanto calibre (nótese de nuevo la ironía) como Agárralo Cómo Puedas 33 1/3 o El Profesor Chiflado II, que menea la cámara con contención en las escenas de acción, y con eficacia en el resto del metraje para permitir que sus actores, auténticos salvadores de la función, se explayen a placer. Junto a un estupendo Alan Arkin por el que no parece pasar el tiempo; unos apariciones breves pero agradecidas de Masi Oka (el Hiro de la televisiva Héroes) o Bill Murray y un desternillante Dwayne Johnson (al menos en lo que se refiere a su genial primera aparición), los auténticos protagonistas de la cinta son Steve Carell y Anne Hattaway. La segunda no deja de sorprendernos por su constante inquietud a la hora de no dejarse encasillar: después de las dos entregas de Princesa por Sorpresa, cambió radicalmente de registro interpretando a una problemática adolescente en Havoc (inédita en España) y a la esposa de uno de los vaqueros de Brokeback Mountain. Tras ellas vinieron la irregular El Diablo Viste de Prada y La Joven Jane Austen, dos papeles nada similares con los que la actriz seguía demostrando su versatilidad, algo que Superagente 86 sigue confirmando. A su lado, y creando una estupenda química con la joven actriz (aunque los separen ¡veinte años de edad!) Carell se configura como la mejor elección posible para interpretar a Maxwell Smart, demostrando asimismo su enorme capacidad camaleónica para afrontar cualquier tipo de personaje, desde el genio suicida de Pequeña Miss Sunshine al periodista con poderes divinos de la flojísima Sigo Como Dios. Pero lo que ni diez Carells juntos podrían salvar es la mediocridad de un guión tan largo como reiterativo que abusa sin control de un slapstick poco agradecido y que confunde humor con acumulación de gags (un mal muy común en la comedia americana actual). Salvo varios momentos puntuales, los chistes de Superagente 86 los hemos visto antes infinidad de veces, y a estas alturas confiar en que sigan haciendo gracia es como creer a George Bush cada vez que hablaba de las armas de destrucción masiva de Irak. Aún así, siendo consciente de que no pretende ser más que un mero entretenimiento veraniego, Superagente 86 es entretenida (entretenidilla si me apuran), un término que unifica a demasiadas cintas en los últimos tiempos y que es fiel reflejo de la delicada situación que atraviesa la industria en la actualidad. Lo mejor: Steve Carell Sergio Benítez (228) |
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