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CINE:
Reseña
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TROYA
(6/10) |
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La película nos sitúa en el año 3.200 antes de Cristo, cuando los distintos reinos que formaban Grecia iban siendo unificados (a la fuerza) bajo el dominio del tirano Agamenón (Brian Cox), que contaba en sus filas con el rebelde pero efectivo soldado Aquiles (Brad Pitt). Mientras, el rey de Esparta, Menelao (Brendan Gleeson), hermano de Agamenón, recibe en su corte a los príncipes troyanos Héctor (Eric Bana) y Paris (Orlando Bloom) con el fin de pactar con ellos una fructufera relación pacífica, la cual se ve enturbiada cuando el más joven de los hermanos, Paris, se enamora de Helena (Diane Kruger), la mujer de Menelao, llevándosela con él en su barco de regreso a Troya. Menelao, furioso, pide ayuda a su hermano Agamenón para atacar Troya y vengar la afreta. Agamenón, que siempre ha querido conquistar dicha ciudad, ve en esto la oportunidad para realizar sus planes y atacar con todo el potencial griego del que dispone, uniendo a los soldados de todos los reinos griegos bajo su mando, entre los que se encuentra el comandado por otro personaje muy famoso, Odiseo (Sean Bean), más conocido como Ulises, el cual parece ser el único capaz de convezcer a Aquiles para que se una a la batalla. A partir de entonces comenzará un espectacular asedio a una ciudad que se defenderá con uñas y dientes para proteger a los suyos. La historia de Troya sólo está basada de lejos (muy de lejos) en La Ilíada de Homero. Uno de los problemas del guión de la película son sus grandes altibajos de ritmo, confiando demasiado en que sus espectaculares escenas de acción serán suficientes para que el espectador aguante impasible los paréntesis narrativos. No tengo nada en contra de las escenas intimistas, pero en esta película sobran unas cuantas que no aportan nada al relato y hacen que uno se pregunte hacia donde avanza la acción. Aún con todo, no se hace aburrida en ningún momento (aunque no sé qué tal soportará un segundo visionado). Por otra parte, son algunos excesos de guión los que la hacen caer en errores típicos que muchos espectadores no pasarán por alto. Y es que hay algunas acciones y secuencias que parecen rodadas para salir del paso y explicar cosas a la ligera. No comentaré ninguna para no estropear sorpresas a los lectores, pero todas y cada una de ellas podrían haberse planeado, desarrollado y concluido de otras formas más creíbles. En otras muchas películas no se exige demasiada credibilidad, pero cuando el film en cuestión pretende ser serio y adulto, estos fallos se hacen más notables y terminan por causar daños en la percepción del conjunto. La impresión general que uno tiene cuando sale de ver Troya es que a su director, el alemán Wolfgang Petersen, se le ha ido de las manos el proyecto. Indudablemente, éste ha querido hacer una película "importante", una obra maestra. Y la energía puesta en el proyecto se nota a leguas. Pero esto no es suficiente para llevar a buen puerto una película como Troya (de más de 160 minutos de duración) y, para empezar, hay que contar con un guión más sólido del que tiene. Es innegable el esfuerzo de Petersen por hacer una película de factura antigua, es decir, con muchos elementos clásicos (desde su estructura y forma de estar rodada hasta algunos de sus diálogos), pero a la vez sorprendiendo con enormes batallas que, gracias a la tecnología actual, es posible recrear de la forma más espectacular que uno pueda imaginar. Dicha unión no resulta del todo perfecta y lo que hace 40 años quedaba bien en pantalla, ahora resulta antiguo y algo desfasado. Al contrario que otras producciones de este tipo, como Gladiator, en la que Ridley Scott aplicó las nuevas técnicas, tanto narrativas como visuales, a una historia antigua, Troya intenta parecerse más en su estilo narrativo y secuencias intimistas a las antiguas "producciones de romanos" pero sin renunciar a las excitantes puertas que le abren las nuevas tecnologías, quedándose a medio camino entre ambos estilos, lo que a la postre resulta un lastre para la cinta. En cuanto a los detalles técnicos, hay que decir que la fotografía es sólo correcta, siendo menos espectacular y preciosista de lo esperado en muchas escenas, sobre todo en aquellas rodadas en espacios cerrados y pequeños que envuelven a pocos personajes. Los efectos especiales no están del todo logrados en algunas escenas y el montaje tiene algunos fallos un tanto extraños y que resultan chocantes en determinados momentos de la acción, cosa impropia de una superproducción como es Troya. Y en relación a la polémica música de Horner, después del despido in extremis de Gabriel Yared (ver artículo al respecto), hay que decir que ésta cumple su función perfectamente. Probablemente será menos original que el score compuesto por Yared, pero ya se sabe que muchas veces la originalidad y la funcionalidad no casan bien, y si algo tiene James Horner, es que sabe musicar sus películas a la perfección. En este sentido la música está bastante bien. En el apartado interpretativo, al tratarse de una superproducción con muchos actores involucrados, hay de todo. El personaje principal de la película es Aquiles y, por tanto, el actor con más minutos en pantalla es Brad Pitt. Y la verdad es que me ha decepcionado bastante. Es innegable que físicamente, Pitt ha hecho un esfuerzo considerable por estar a la altura de las ciscunstancias y lo consigue con creces. Asimismo, se nota que ha tomado clases de lucha y su esfuerzo en las coreografías de los combates es impresionante. Sin embargo, en cuanto a su interpretación la cosa cambia. No sólo se pasa toda la película con la misma cara, sino que además compone un personaje deudor del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, con unos cambios de moral y carácter demasiado bruscos y poco creíbles. Para seguir con el apartado de actores que no están nada bien, a Pitt le sigue muy de cerca (o más bien al revés) Orlando Bloom. El nuevo ídolo de masas (femeninas, sobre todo) posa con la misma expresión de incredulidad y asombro durante todo el tiempo, mostrando menos emoción que un actor de madera. Diane Kruger se convierte en la pareja ideal para Bloom gracias a su corto e insulso papel. Brian Cox (X-Men 2), por su parte, peca justo de lo contrario que Bloom, sobreactuando en casi todas sus intervenciones. Por otro lado, entre los actores más destacados de la cinta se encuentra un Eric Bana (Hulk), sensacional en su papel del sentato y buen Héctor -el personaje más agradecido de la película, todo hay que decirlo-, dando una gran sensación de control de la situación y otorgando mucha humanidad y veracidad a su personaje, lo que hace ganar enteros a la cinta cada vez que aparece. Habrá que apuntar su nombre para futuras grandes producciones. Los siempre correctos Sean Bean (Boromir en El Señor de los Anillos) y Brendan Gleeson (el amigo de Mel Gibson en Braveheart) desarrollan sus roles de forma excelente y mantienen alto el nivel de los secundarios de la película. Los más veteranos del film, Peter O'Toole en el papel de Príamo, rey de Troya, y Julie Christie en el papel de Tetis, la madre de Aquiles, están correctos aunque no excelentes (claro, que en el caso de Julie Christie es muy difícil estar excelente contando sólo con dos minutos en pantalla y un par de frases). En conclusión, Troya no es la espléndida película épica que todos esperábamos, pero sí es cierto que no resulta pesada -a pesar de sus casi tres horas de duración- y que posee algunos momentos sobresalientes que son realmente memorables. Sin embargo, el conjunto queda estropeado por diversos detalles de la historia y situaciones que podrían haberse resuelto de manera más elegante y lógica (¡y sin perder espectacularidad!), amén de algunas interpretaciones un tanto fuera de lugar. Es una pena que Petersen no nos haya regalado su obra definitiva, que hasta ahora sigue siendo Das Boot (El submarino), seguida por la entretenidísima En la línea de fuego. Pero obviamente, no es sólo culpa de director el resultado final que podemos ver en las pantallas, ya que en una producción de este calibre los productores (es decir, "los que ponen el dinero") son los que tienen la última palabra en cuanto a las decisiones importantes que marcarán el devenir del film. Y, por ahora, es imposible eliminar este factor. Seguramente, de otro modo, estaríamos hablando de una Troya muy distinta. Lo
mejor: Los combates individuales entre distintos personajes,
la espectacularidad de algunas escenas y el aire a cine clásico
que envuelve a muchos tramos del relato. Ricardo Borrero. |
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EL PÚBLICO OPINA... 5.9/10 |
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