WALL-E

CINE: Reseña
08-VIII-08
Título original: Wall-E

Año: 2008

Nacionalidad: U.S.A
Duración: 98 minutos
Director: Andrew Stanton
Voces (en la V.O) : Ben Burtt (Wall-E, M-O), Elissa Knight (EVA), Jeff Garlin (Capitán), Sigourney Weaver (Computadora de la Axiom)
Sinopsis: La Tierra lleva deshabitada 700 años. Su único habitante es un pequeño robot de limpieza llamado Wall-E que todos los días cumple con su cometido, curioseando entre las miles toneladas de basura que los humanos dejaron atrás. Pero todo eso va a cambiar con la llegada de EVA un robot sonda enviado a nuestro planeta para buscar señales de vida.


COMENTARIO

Perfección.

(Del lat. perfectĭo, -ōnis).

1. f. Acción de perfeccionar.

2. f. Cualidad de perfecto.

3. f. Cosa perfecta.

4. f. Der. En los actos jurídicos, fase y momento en que, al concurrir todos los requisitos, nacen los derechos y obligaciones.

 

La cantinela que todos los años acompaña al estreno de la nueva cinta de la Pixar, vuelve a repetirse con más fuerza que nunca este 2008 merced a la que ya se ha situado por méritos propios como la mejor película del año (a falta de ver The Dark Knight, por supuesto). Y no sólo eso. Wall-E es, casi sin duda, la mejor cinta de la compañía hasta la fecha. Y no sólo eso. Wall-E es, ahora sin duda, la mejor cinta de animación de la historia. Y no sólo eso. Wall-E es una Obra Maestra del Séptimo Arte como hace tiempo que no se veía en una sala de cine. Y no sólo eso. Wall-E es, en definitiva, una de las mejores películas de la historia del cine. Y todo ello contando con el protagonismo de un pequeño y enternecedor robot...

Que la inspiración llega desde los lugares y objetos más inesperados es algo que cualquier artista de la historia podría afirmar con rotundidad. De ello puede hablar, y mucho, Andrew Stanton. Segunda cabeza pensante de la Pixar junto a John Lasseter, Stanton ha estado detrás de los éxitos más importantes de la compañía, primero insuflando vida a lo que he hecho grande a la productora de Luxo, sus geniales y cercanos personajes. Segundo, co-dirigiendo Bichos o recibiendo el Oscar a la mejor película de animación por la excelente Buscando a Nemo. No es de extrañar pues que tras el gigantesco carisma del pequeño Wall-E encontremos a quien supo convertir a unos monstruos en entrañables peluches o a un tropa de bichos circenses en unos improvisados héroes. La idea de Wall-E, que nació hace trece años (como se nos contaba en el primer teaser de la cinta) en la misma reunión de la que salieron Bichos o Buscando a Nemo, surgió como respuesta a una simple pregunta: ¿Qué pasaría si la humanidad se olvidara de desconectar al último robot activo antes de abandonar el planeta?. La respuesta, que necesitaba de una tecnología todavía lejana para lo que Pixar era capaz de desarrollar por aquel entonces, tuvo que esperar en el cajón de sastre hasta que fue retomada hace un par de años para llevarla definitivamente a la gran pantalla.

Más allá de la (ASOMBROSA) perfección técnica que después comentaremos, si hay algo que caracteriza más que nunca a la nueva producción de Pixar es esa doble obsesión que la productora siempre ha tenido por la historia y los personajes que la protagonizan (y que sólo les ha fallado una vez, con la irregular Cars). Desde Toy Story, que demostró sin sombra de duda que el cine de animación no era coto privado del público infantil, la productora siempre ha intentado que la historia detrás de todas sus cintas tuviera más calado que la progresión geoométrica por la que se iba moviendo su evolución visual. Wall-E supone un paso de gigante en esa evolución si tenemos en cuenta que la cinta carece de diálogos en ¡dos terceras partes de su metraje!. El simpático robot que da nombre a la cinta no habla (más allá de algún ruido suelto), como tampoco lo hace la cucaracha que es su única compañía o la robot objeto de sus afecciones. La ingente cantidad de emociones que se nos transmiten a lo largo de la primera hora de metraje, se efectúan, entre otras cosas, a través de un espectacular diseño sonoro por parte de un Ben Burtt (creador de los sonidos de La Guerra de las Galaxias) que entiende mejor que nadie la innecesariedad de la palabra cuando un gesto o un ademán son capaces de llevar de forma más directa lo que el personaje va sintiendo. La labor de Burtt, acompañada de una correcta partitura de Thomas Newman, que gana muchos enteros en la cinta en comparación a lo que se saca después de una primera escucha aislada, es fundamental a la hora de entender lo que Pixar ha pretendido no dotando a sus personajes con la capacidad del habla.

En este sentido, el hecho de que Wall-E lo transmita todo a través de ocho elementos, es de una genialidad ante la que sólo cabe descubrirse. Sus dos ojos, y los tres "dedos" que forman sus "manos" son todo lo que le hace falta a Stanton y al equipo de brillantes diseñadores de la Pixar para insuflar vida al que es su mejor creación hasta la fecha. La miríada de sentimientos, actitudes y emociones que Wall-E es capaz de hacer llegar a la platea con esos pocos elementos, demuestra lo sobrevalorados que están la gran mayoría de los actores de hoy en día. Ayudados por las sutilezas que el diseño de sonido de Burtt aporta, Pixar obtiene una respuesta directa en los espectadores a cada gesto, movimiento y sonido que emite el robot: en una sala plagada de niños pequeños se tardó muy poco en pasar del incensante sonido que estos emiten en los momentos previos al comienzo de la película, a un respetuoso silencio sólo roto, de cuando en cuando, por la voz de algún infante imitando los "Wall-E" y "Eva" de los robots protagonistas y, por supuesto, por las carcajadas de los adultos presentes en la proyección.

Y es que si aplaudimos el maravilloso sentido del ritmo de la cinta (que en noventa y ocho minutos es capaz de contarnos mucho más que cualquier epopeya cinematográfica que ahora mismo se me venga a la cabeza), la perfecta definición que tiene hasta el último robot que sale en la misma (y me quedo por supuesto con ese enano limpiador que va detrás del rastro de Wall-E) y el hecho de que el guión sea uno de los más cinéfilos de cuantos han salido de Pixar (las referencias a 2001, Blade Runner y otras cintas del cine de ciencia ficción son numerosas) no podemos dejar atrás el soberbio sentido del humor que la cinta atesora durante la práctica totalidad del metraje. Cultivando sobre todo el slapstick (la clase de humor que practica el Tricicle, por ejemplo) Wall-E resuelve la gran mayoría de sus (desternillantes) chistes a través de la imagen, sin que la incontenida verborrea de algún "cómico" estropee la magia de cada uno de ellos.

Es por este motivo que se hace más palpable que nunca la importancia de lo visual al servicio de la historia. Si la segunda es sublime, lo primero no se queda atrás. Los primeros planos de la cinta, que recorren un planeta desolado a través de una cinematografía saturada en los tonos ocres y terreos y que saca un partido impresionante de esa imitación de las cámaras de 70mm que de forma sutil homenajea (de nuevo) a 2001, no dejan lugar a dudas acerca del hiperrealista grado de detallismo al que se auto-someten los animadores de la Pixar. En mucho momentos, muchos más de los que pudieran apreciarse a simple vista, y muchos más de los que podríamos haber sacado de sus anteriores producciones, nuestro cerebro tiene que convencer a nuestra vista de que la información que le está llegando no es real. Dicho grado de verismo no supone en ningún momento un handicap, por más que haya alguien por ahí que quiera afirmar que para qué tanto realismo si se trata de una "película de dibujitos".

Ahí, mis queridos lectores, es donde radica el error a la hora de acercarse a una producción Pixar: la compañía nunca ha pretendido, y eso queda demostrado de sobra por el maduro tratamiento de sus personajes y la gran cantidad de guiños que todas sus cintas tienen, que sus películas sean meros entretenimientos para los más pequeños de la casa. Esto último, que ya lo tienen ganado sin casi esforzarse, supone que casi todos los esfuerzos que Lasseter y sus colegas han hecho hasta el momento hayan ido encaminados a encumbrar a un género, el de la animación, hasta situarlo a la al mismo nivel de otros tan historiados como el Drama o el de Aventuras (géneros que, no obstante, siempre estan presentes en sus cintas). No es de extrañar pues que, a estas alturas del año, ya se esté hablando de Wall-E como una firme candidata a hacerse con el Oscar a la Mejor Película. Merecido se lo tiene. Y mucho.

Lo mejor: TODO
Lo peor: Que se termine.....vamos, NADA.
El momento: Wall-E curioseando entre la basura; Wall-E cuidando de Eva; el desternillante corto que precede a la cinta; los geniales títulos de crédito finales....

Sergio Benítez (230)